Editorial

El empleo anticipa su vuelta al crecimiento

El primer trimestre del año ha arrojado un descenso en el número de ocupados de 184.600, según la encuesta de población activa, así como una caída del número de personas dispuestas a trabajar de 187.000, con un limitado descenso del número de parados como saldo de 2.300. Los datos guardan una razonable coherencia con el comportamiento del mercado laboral en los tres primeros meses de cada año, con la única excepción del número de activos, que se desploma como no lo había hecho nunca en un solo trimestre, y que revela la falta de confianza en que la recuperación tímida de la economía vaya a tener su correlato en el corto plazo en la creación de nuevos puestos de trabajo. Tal ausencia de crédito en el futuro laboral es extensiva tanto a nacionales como a extranjeros, pues mientras los primeros engordan el colectivo de inactivos, el segundo computa la vuelta a sus países de origen de mil personas cada día en los últimos 12 meses, una tendencia creciente que puede aliviar las cifras de desempleo, pero que en el medio plazo puede complicar la sostenibilidad de variables financieras del Estado de bienestar.

Tanto la evolución del empleo como su segregación en empleo privado y público, o el propio desempleo agregado, muestran una tendencia inequívoca hacia la estabilización, cuando no al retorno de los valores positivos, algo que no ocurre desde 2008 de forma explícita. La ocupación desciende solo un 0,47% en tasa anual, menos de la mitad que un trimestre antes, y una octava parte que el 4,1% que descendía en el primer trimestre del año pasado.

Aunque las cifras nominales del trimestre pueden generar la sensación de que se ha frenado la creación de empleo iniciada en los trimestres pasados y así contabilizado en los registros de la Seguridad Social, no ocurre tal cosa. El empleo privado solo desciende un 0,3%, se ha estabilizado en tasas desestacionalizadas y camina hacia tasas positivas anuales seguramente ya en el trimestre primaveral. Y el paro ya registra tasas anuales de descenso (más del 5% condicionado por el fuerte ajuste de los activos). Si en el cuadro macro que hoy presente el Gobierno para revisar el programa de estabilidad recoge avance interanual de la ocupación, a la vez que coloca por encima del 1% el avance del PIB, hará justicia con la tendencia marcada por la EPA. De hecho, ya ahora hay avance del empleo en los servicios en el último año, y lo hay entre los nativos, colectivo menos propenso a la movilidad en función de las expectativas del mercado. Todos los números sobre la actividad que se conocen en las últimas semanas, más allá de la afiliación de cotizantes a la Seguridad Social, que es el que más vivamente revela el tiempo real, sustentan que la economía crece y que lo hace también el empleo, aunque este lo haga a menor intensidad de la esperada y con una calidad inferior a la del pasado. Los próximos trimestres, ya con crecimiento más consolidado y más apalancado en la demanda interna, son claves para determinar el marchamo del mercado laboral.

Pero el abaratamiento de los costes, la flexibilidad en la gestión del factor trabajo y los estímulos a la contratación, incluida la reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social, una vez despejadas las dudas sobre la financiación estatal y sus precios, y saneados los bancos, tienen que complementarse, para traducirse en nueva ocupación, con el crecimiento. Cierto es que la demanda está en mínimos, pero en mínimos están también las plantillas de las empresas, que deben movilizarse cuando lo haga el consumo de los hogares y la inversión empresarial. No obstante, no debemos dejar de mirar todos los números: hay seis millones de parados, tres millones desde hace más de un año, y dos millones de hogares sin empleo. Es tarea de todos, los que tienen empleo y quienes toman las decisiones, movilizar la economía para reducir esa lacerante carga.