Viaje del edén al paraíso sin salir de la isla de las especias

Imagen de casas de influencia India.
Imagen de casas de influencia India.

Refugio de piratas, baluarte de contrabandistas y trata de esclavos, cruce de civilizaciones en épocas pasadas... La isla de las especias es hoy uno de los destinos turísticos en alza. La influencia árabe, india, africana y europea en su historia y su estratégica situación geográfica, en el océano Índico, a solo 40 kilómetros al oeste de Tanzania, país al que pertenece, le confiere un carácter singular. No es tan famosa como las Maldivas o Mauricio, también bañadas por el Índico, pero sin duda ofrece al viajero mucho más que playas divinas bañadas por un mar de infinitos turquesas.

La isla es hoy un mosaico de culturas, religiones y gentes que atrapa al viajero con el embrujo de África.

No se asombre si en uno de sus días de estancia se sorprende a sí mismo contemplando el fascinante paisaje humano que desfila ante sus ojos, sobre todo en la Ciudad de Piedra –Stone Town–, parada obligada en esta pequeña isla de solo 90 kilómetros de largo y 30 de ancho, muy fácil de recorrer.

Piérdase –literalmente– en esta ciudad de herencia árabe y musulmana, si no tiene prisa. De lo contrario, contrate un guía para que le ahorre el laberinto de calles estrechas y llenas de vida. Déjese seducir por el ambiente y por los artesanos que le ofrecerán sus tallas de madera, pinturas coloridas o exóticas joyas africanas. No se olvide de regatear.

Entre paseo y paseo, le atrapará la fusión de estilos arquitectónicos de lugares ineludibles como Beit al-Ajaib, la Casa de las Maravillas, en el paseo marítimo, una de los construcciones más importantes, sede del Museo de Historia; La Fortaleza, construida por los omaníes en 1700; la catedral católica de Saint Joseph, uno de los monumentos más visitados, o el antiguo dispensario, un precioso palacio restaurado que hoy es la Escuela de Restauración.

Calle arriba, calle abajo, le impresionarán las puertas de madera de las casas, perfectas y delicadamente talladas y cuyo colorido y variedad es un atractivo, también sus balcones y patios. Algunos de estos albergan restaurantes, cuyos platos de influencia árabe e hindú son buena excusa para hacer un alto en el camino.

Alejada del centro está la casa donde vivió el explorador Livingstone y el Palacio Beit al-Sahel, donde residieron los sultanes omaníes hasta su expulsión hace 50 años.

En los sótanos de la escuela de Temekuja se conservan los macabros calabozos de los esclavos y en el espacio donde se erige la catedral anglicana se ubicó el mercado de esclavos. Toda la ciudad está salpicada de mezquitas, la más antigua es la de Msikiti wa Balnara (la mezquita del minarete).

¿Y las playas? Relájese, adéntrese en el interior de la isla y déjese llevar por la ruta de las especias. Un ecosistema único en el mundo y un verdadero edén antes de llegar al paraíso de las playas. Todo tipo de especias tropicales le envolverán con sus delicados aromas: clavo, canela, vainilla, pimienta, anís, nuez moscada y todas las que imagine. Deje tiempo para visitar el parque natural de Jozani y el bosque tropical de Ngezi.

Suena a tópico, pero las playas de Zanzíbar son de ensueño. Kilómetros de arenales blancos, casi polvo, por la erosión de corales, solitarias, con palmeras mecidas por un tenue viento, un mar con una sucesión de tonos verdes que admiten cualquier superlativo y un auténtico lujo para los amantes del buceo –incluidas inmersiones nocturnas– y el snorkel. Si tiene suerte, avistará ballenas, que siguen las corrientes del monzón, tortugas marinas o podrá nadar con delfines. Es un decir, porque antes de que usted dé la primera brazada, los delfines estarán haciéndole monerías a un kilómetro con sus característicos sonidos y no sabrá si se están riendo de uno o le están invitando a volver a intentarlo.

Curiosidades

La historia negra
Protegida por los vientos monzones, fue un valioso enclave comercial para todo tipo de operaciones, casi nunca lícitas, dirigidas por mercaderes, sultanes, traficantes de todo tipo y credos que han conformado el carácter de la isla.

Un sinfín de islas
 Zanzíbar forma parte del archipiélago de Unguja, integrado por la propia Costa de los Negros –Zangi bar, según transcripciones antiguas persas–, las islas “mayores” Pemba y Mafia e innumerables islas menores accesibles.

Moverse por Zanzíbar

Lo mejor es alquilar un coche con conductor, ni la señalización ni el estado de las carreteras son siempre buenos; ahorrará tiempo y dinero, ya que las tarifas son muy asequibles, o también puede desplazarse en dala-dala, minibuses locales.

A bordo de...
 El mar es uno de los mayores encantos de la isla. No se prive de navegar, pescar o nadar con delfines a bordo de las tradicionales embarcaciones locales: dhows -barcas de madera– o los jahazis –barcos de vela latina que se deslizan impulsados por el viento–.