Editorial

Código para recuperar crédito

Los casi cinco años de vida del Mercado Alternativo Bursátil (MAB) son una historia más de sombras que de luces. Es cierto que ha tenido éxitos realmente rutilantes -Gowex o Carbures son dos claros ejemplos de ello-, pero no lo es menos que los fracasos -concursos de acreedores incluidos- han sido mucho más habituales. Esta situación ha provocado un cierto escepticismo entre la comunidad inversora, que los responsables del MAB se han propuesto atajar. Por ello, han puesto en marcha la aplicación de una guía de buenas prácticas para los asesores registrados, que son precisamente los encargados de determinar si una empresa cumple con los requisitos para introducirse en este mercado, así como de asesorar en la construcción de la información de carácter financiero y empresarial que se le exige. Aunque esta guía de buenas prácticas no tiene ningún tipo de rango legal, su sola implantación ya ofrece un rasgo de mayor seriedad y transparencia a un mercado que aspira a recobrar ese espíritu de apoyo a las firmas que no tienen el músculo suficiente como para asomarse a otras ventanas. Y ello es singularmente importante en un momento en el que las empresas están en plena búsqueda de financiación y en el que el Gobierno ha decidido poner sobre la mesa alternativas a las tradicionales fuentes de préstamos.