Entrevista con Ignacio García Bercero, jefe del equipo negociador de la UE para el tratado de libre comercio con EE UU

“Las pymes se beneficiarán mucho del futuro acuerdo”

“Las pymes se beneficiarán mucho del futuro acuerdo”

Ignacio García Bercero lidera el equipo de negociadores europeos que trabaja con la contraparte estadounidense en alcanzar un acuerdo de libre comercio entre ambas regiones: el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (TTIP). Los contactos van ya por la cuarta ronda y ambas partes esperan cerrar un acuerdo antes de las elecciones presidenciales en EE UU de 2016. El objetivo es liberalizar y homogeneizar las normas comerciales de ambos mercados, engrasar los canales de intercambio de productos y servicios dando a luz la mayor zona de libre comercio del mundo (supondría el 45% de la actividad económica global).

El texto final, del que aún no hay ni un primer borrador según fuentes de la Comisión Europea, se construirá sobre tres grandes patas: por un lado, reducir y hasta eliminar las barreras arancelarias, lo que según Bercero hará que “las pymes españolas salgan muy beneficiadas”; en segundo lugar, poner en común las distintas regulaciones sectoriales, como las autorizaciones sanitarias en la alimentación o los reglamentos de seguridad en el sector del automóvil. Por último, abrir las restricciones que encuentran las empresas para acceder a las licitaciones y los contratos públicos en los distintos mercados.

Pregunta. ¿Cuáles son los sectores que más se podrían beneficiar del futuro acuerdo?

Respuesta. En agricultura, por ejemplo. Todo lo que son los productos agrícolas transformados tienen unos derecho de aduana muy elevados en EE UU y ahí hay intereses exportadores muy claros por parte española. Lo mismo, aunque no sea agricultura propiamente dicho, las conservas de atún también se enfrentan a derechos de aduana norteamericanos que llegan hasta un 30%. En estos sectores, incluso simplemente hablando de derechos de aduana hay un interés claro de exportación española.

P. ¿Y en cuánto a cuestiones regulatorias o burocráticas?

R. Luego están todos los procedimientos extremadamente complejos y burocráticos para la autorización en EE UU sobre todo de las frutas y verduras. Para los albaricoques y los aguacates españoles el procedimiento para conseguir la autorización de exportación a EE UU le ha llevado a España 10 años entre la gestión de licencias, distintos tipos de inspecciones y demás trámites. Y aún no está totalmente acabado. Una de las cosas que queremos conseguir es que sin cambiar su legislación, EE UU establezca procedimientos más simples para la importación sobre todo de frutas y verduras.

P. Otro asunto importante para España son las indicaciones geográficas

R. Las indicaciones geográficas también son un tema de interés para España. El vino ya está en principio protegido porque hay un acuerdo, pero hay problemas con ciertos productos semigenéricos. Por ejemplo, todo lo que son los quesos y casi todos los productos agrícolas que no son vinos. Actualmente estos productos no están protegidos en EE UU. Mi impresión es que el sector agrícola español tiene potencialmente intereses ofensivos en estas negociaciones y los contactos que hemos tenido con la industria agroalimentaria española son bastante fructíferos.

P. También hay ciertas reticencias...

R. Evidentemente las sensibilidades más fuertes son sobre todo con la carne bovina, los pollos y un poco menos la carne porcina. Son los tres sectores donde la industria de EE UU es muy competitiva y son los sectores más sensibles.

P. ¿Cuáles son los principales inconvenientes para las pymes?

R. Para una pyme el reto de penetrar en el mercado de EE UU es mayor que para una empresa más grande. Las pequeñas y medianas empresas españolas se beneficiarán mucho del futuro acuerdo. La complejidad del sistema reglamentario norteamericano donde tienes normas a nivel federal, estatal, local con una articulación muy compleja entre las distintas reglamentaciones es un problema para cualquier pequeña y mediana empresa. Por tanto, todo lo que consigamos a nivel de transparencia del sistema reglamentario americano, como una mejor información de cuales son las exigencias para exportar en EE UU, va a ser importante para todas las pequeñas y medianas empresas.

 

La dificultades para el acuerdo en automoción

España es uno de las potencias europeas en el sector de la automoción y el posible acuerdo de libre comercio provocará cambios. “En los contactos que he tenido con Anfac, la primera conclusión es que España es muy ofensiva en el tema porque los derechos de aduana en EE UU no son muy elevados, pero sin embargo los costes reglamentarios son prohibitivos”. Este punto, a juicio de García Bercero, es clave, “sobre todo ahora que España empieza a establecerse potencialmente como una base de exportación hacia EE UU”. Así pone como ejemplo a Ford, que ha establecido plantas en España con el objetivo de exportar al mercado estadounidense.

“Evidentemente lo que a los productores les interesa es hacer el menor ajuste posible de sus modelos para poder venderlos en el mercado estadounidense. Las reglamentaciones técnicas en prácticamente todos los temas ligados a la automoción en el mercado estadounidense son distintos del europeo. Si no tienes una especie de reconocimiento mutuo los costes de adaptación pueden ir hasta un 25%”. García Bercero lo ilustra con un ejemplo.“Si estás haciendo un modelo de coche Premium probablemente no es tanto problema pero si estás con un coche de gama media y no consigues un reconocimiento muto de reglamentaciones técnicas, el coste es muy alto”.