LA UE, del revés

El desigual combate entre Rusia y Europa

Aviones de combate.
Aviones de combate.

 Bruselas está dispuesta a resolver con guante de seda la crisis política más grave en territorio europeo desde la desintegración de Yugoslavia. Y si el presidente ruso, Vladimir Putin, se conforma con la anexión de Crimea, la escisión de Ucrania podría pasar pronto a los anaqueles de una hemeroteca donde cada vez se archivan con más velocidad unos episodios que antes dominaban la actualidad durante meses.

Cabe la posibilidad, sin embargo, de que el nuevo Gobierno de Kiev pierda el control de la situación y que el Kremlin aproveche para dar otro zarpazo. En ese caso, según las conclusiones del Consejo Europeo de la pasada semana en Bruselas, Europa sometería a Moscú a una presión que “conllevaría consecuencias de largo alcance para las relaciones en toda una serie de aspectos económicos”.

La Comisión Europa ya está estudiando las posibles represalias, comerciales y energéticas. La nueva batería de sanciones, que los socios europeos esperan no tener que aplicar, podrían incluir desde restricciones a las importaciones rusas (en sectores como siderurgia o minería) a la limitación de exportaciones en sectores en los que Rusia es bastante dependiente, como el electrónico o el farmacéutico. Y según la mayoría de los analistas, el castigo podría resultar devastador para Rusia, mientras que Europa apenas saldría con algunos rasguños.

“Ya hemos visto que la mera posibilidad de sanciones está teniendo un impacto en el clima de inversión en Rusia”, advirtió el pasado viernes el presidente del Consejo de la UE, Herman Van Rompuy, tras anunciar la ampliación (de 21 a 33) del listado de dirigentes rusos que no podrán entrar en territorio europeo y a quienes se bloquearán sus cuentas en bancos europeos.

Nada más comenzar el conflicto, la Bolsa de Moscú sufrió el 3 de marzo un batacazo que ya es calificado por los analistas financieros como “lunes negro”. El Banco central se vio obligado a subir 150 puntos básicos los tipos de interés, hasta el 7%, para mantener la estabilidad. Y desde entonces ha tenido que destinar más de 24.000 millones de dólares a sostener la cotización del rublo.

Europa, mientras tanto, ni se ha inmutado. Y esa repercusión tan diversa a uno y otro lado del conflicto parece que se mantendría, según los analistas, en caso de una guerra comercial en toda regla, que se convertiría en un combate muy desigual entre Rusia y la UE.

“La economía rusa ya se encuentra en baja forma”, señala un reciente informe de Barclays sobre los daños potenciales del conflicto diplomático. Según ese informe, la inversión en Rusia ya estaba cayendo, el consumo perdía fuerza y las condiciones del crédito se endurecían. Unas variables que solo podrían empeorar si el conflicto con Occidente se agrava.

Como mínimo, según Barclays, el impacto se notaría en el flujo de capital hacia el mercado ruso, lo que podría encarecer la refinanciación de las grandes empresas rusas como Gazprom. Esas empresas, además, son altamente dependientes de los mercados exteriores, donde colocan gran parte de su producción.

La UE, por supuesto, también sufriría. Pero según los analistas de Morgan Stanley, “en la zona euro, el impacto de una brusca caída del crecimiento en Rusia sería muy limitado”.

El banco de inversión señala que solo el 2,5% de las exportaciones de bienes de la zona euro van dirigidas a Rusia, una cifra que se eleva al 3,3% en el caso de Alemania. La exposición también es baja en inversión directa (el 3% del total). Y las grandes compañías europeas presentes en el mercado ruso solo obtienen allí el 1,5% de su facturación mundial.

Los países de Europa central (Polonia, Hungría, República Checa) parecen ser los que sufrirían el mayor impacto directo de una guerra comercial con Rusia. Otros, como Austria y Grecia, notarían la repercusión a través de sus empresas en el mercado ruso y en Europa del Este. Y Holanda, por su importante inversión directa. Se trata, en todo caso, de daños colaterales asumibles y para los que Bruselas podía ofrecer compensaciones, al menos a los países más débiles (bálticos y del este).

Aun así, queda un eslabón débil llamado Ucrania. Por eso, la cumbre del viernes acordó concentrar en ese país la ayuda económica.