‘El lobo de Wall Street’ lo ha devuelto a la actualidad

El mítico Testarossa cumple 30 años en plena forma

Símbolo de los excesos de los ochenta, el deportivo italiano aparece en la película de Scorsese con el personaje de Leonardo DiCaprio al volante

Las cinco lamas de plástico que decoran las entradas de aire laterales fueron su seña de identidad.
Las cinco lamas de plástico que decoran las entradas de aire laterales fueron su seña de identidad.

Si saliéramos a la calle a preguntar por el nombre de algún modelo de Ferrari, muchos no sabrían contestar, pero sin duda la mayoría de los que acertaran responderían: “Testarossa".

No hay duda de que es un nombre bello y con gancho, rabiosamente italiano. Pero eso solo no justifica su popularidad. Hoy es un icono de los años ochenta, y en cierto modo también un símbolo de los excesos de aquellos años.

Desde que se presentó en el Salón de París de 1984, el impacto fue total gracias a su fascinante diseño. Era algo nunca visto, con esas líneas tan limpias y fluidas, salidas de los estudios Pininfarina.

Y no fue únicamente su estilo lo que encumbró al Testarossa. El mito se fraguó en el mundo audiovisual con la serie de TV Corrupción en Miami. Fue Don Johnson, en el papel del detective Sonny Crockett, el responsable de que todo el mundo soñara con tener un Testarossa blanco.

En 1985 costaba 24 millones de pesetas, como un piso de lujo en Madrid

Después de aquello, numerosas estrellas quisieron tenerlo en su garaje. Entre quienes estrenaron estos coches hubo muchos personajes del mundo del espectáculo y el deporte, como Julio Iglesias, Alain Delon, Elton John, Rod Stewart, Michael Jordan, Diego Armando Maradona, Alberto Tomba o el campeón del mundo de los pesos pesados Mike Tyson.

Evidentemente, había que ser rico para comprarlo, y en la reciente película de Scorsese El lobo de Wall Street, el financiero embaucador que interpreta Leonardo DiCaprio conduce un Testarossa. En España costaba 24 millones de pesetas, una cifra con la que se podía comprar un piso de lujo en Madrid o Barcelona.

Técnicamente, este biplaza era similar al modelo 512 BBi, al que sustituyó en la gama. En cuanto a la forma, seguía con la tradición de Ferrari y empleaba una estructura tubular de acero. La carrocería era mayoritariamente de aluminio, con las puertas y el techo de acero. Medía 4.485 mm de largo, pero lo más llamativo es que era muy bajo y anchísimo, con 1.976 mm de lado a lado, lo que le hace más ancho que cualquier Ferrari de la gama actual.

Al levantar el capó trasero queda a la vista el majestuoso 12 cilindros de 5 litros, con los cilindros opuestos de 390 CV, que también era una evolución del que llevaba el 512 BBi. Lo que salta a la vista son esas culatas rojas que dan su nombre al modelo. Testa es cabeza en italiano, y el Testa Rossa original fue un biplaza de carreras de los años cincuenta.

7.177 unidades producidas

Su enorme éxito provocó que se fabricaran 7.177 coches de la primera serie, una cifra muy alta para ser un modelo tan caro.

Esto hace posible que hoy sean abundantes en el mercado y se encuentren coches por menos de 50.000 euros.

Este modelo fue concebido como un gran turismo para viajar por carreteras amplias y en buen estado, cómodamente y a ritmos endiablados. Pero no era un coche para circuitos, ya que ni era ligero ni especialmente ágil.

En todo caso, eso hoy apenas importa, porque quienes lo disfrutan como clásico saben disfrutar de su mecánica sin comprometer su integridad.

Claves a tener en cuenta antes de comprarlo

Esta unidad se vendía en Auto Retro de Barcelona por 60.000 euros.
Esta unidad se vendía en Auto Retro de Barcelona por 60.000 euros.

Como en cualquier modelo clásico, el historial de mantenimiento es más importante que el kilometraje. Además, en coches como este, es normal encontrar unidades con muy pocos kilómetros a pesar de su edad.

Otra norma obvia que conviene recordar es que merece la pena pagar más por uno bueno que ahorrar en un coche mediocre o con defectos, porque un Ferrari en mal estado es un pozo sin fondo.

Maxi Rodríguez, miembro de la Ferrari Asociación España, habló con CincoDías sobre su experiencia. Destaca especialmente la gran diferencia entre el primero y sus evoluciones (512 TR, de 1992, y F512 M, de 1995).

“El primero ni giraba ni entraba en las curvas, era pesado y frenaba mal, el chasis y los trapecios estaban poco evolucionados. Claro que cuando salió era la sensación, con 390 CV y hacía 300 km/h. Te puedes comprar un Testarossa más o menos barato, pero ojo, cuando tengas que cambiar unas correas que valen 50 euros tienes que sacar todo el motor, y la revisión y la mano de obra cuesta 6.000 euros".

"Actualmente todas las piezas para estos coches vienen de Inglaterra -continúa-, y cuestan una fortuna. Lo importante es tener un buen mecánico como José Luis Rubio (Maranello Rosso) que te lo lleve bien, si no, estás fastidiado".