Tribuna

Exportación y volatilidad del tipo de cambio

Eos últimos eventos acontecidos en el mercado de divisas, entre ellos el desplome de la lira turca o la fuerte devaluación del peso argentino, más allá de su efecto contagio sobre el sector financiero mundial, tiene una repercusión directa en la apreciación del riesgo de las empresas exportadoras.

La volatilidad en la cotización de las divisas, al margen de factores como la calidad de los productos producidos y su mayor o menor aceptación por los mercados, la gestión logística o una buena asignación del precio, puede determinar la definitiva renuncia de una empresa a su margen comercial.

En definitiva, constituye el elemento clave para que la cuenta de resultados de una empresa exportadora se salde con ganancias o pérdidas, lo que debería llevar a las empresas, y en concreto a sus departamentos financieros, a pensar en estrategias de cobertura capaces de mitigar ese riesgo.

Quizás, nunca como hasta ahora, este aspecto financiero ha empezado a cobrar tanta importancia en la gestión de las empresas españolas que miran hacia el exterior. Y la causa reside en el hecho de que cada año, sobre todo a raíz de la crisis económica que lleva instalada en España desde 2008, es mayor el número de empresas que conciben la exportación como la venta a mercados globales.

En cierto modo, nos encontramos ante un fenómeno nuevo. Hasta hace pocos años, el grueso de las exportaciones españolas tenían como destino principal los países europeos y, en concreto, la Zona Euro, un territorio blindado ante cualquier fluctuación del tipo de cambio por el hecho de compartir idéntica moneda.

La cosa, sin embargo, ha empezado a cambiar cuando las ventas a países diferentes de la Unión Europea suponen ya un 37,3% del total, según los últimos datos, y crecen a un ritmo superior a al 6,3% anual. El desafío para estas empresas no radica solo en cuidar aspectos relacionados con el producto, tales como la calidad, la capacidad de producción o la flexibilidad suficiente para afrontar los vaivenes del mercado, amén de equipos de personas para gestionar el comercio exterior. Para estas empresas, al músculo económico que se necesita para afrontar gastos derivados de viajes, actividad promocional, adaptación en el etiquetado de productos, cuestiones legales o seguros, se suma el relativo al riesgo de tipo de cambio.

Muchas empresas que operan comercialmente con países fuera de la zona euro, ya sea por inexperiencia en mercados exteriores o por falta de asesoramiento especializado, ignoran que las operaciones de pago o cobro conllevan un riesgo ligado a las variaciones del tipo de cambio.

Y que este factor puede hacer de la transacción un éxito o un fracaso. No verlo de esta forma, puede dar lugar a un estrechamiento del margen de ganancias, a la imposibilidad de cumplir los objetivos propuestos por la compañía a medio o largo plazo o a la pérdida de mercado y competitividad.

Para cualquier empresa, exportar deber ser el equivalente a vender más y ganar más, reduciendo su dependencia de un único mercado y procurando despejar del horizonte el mayor número posible de incertidumbres que impidan una adecuada gestión de sus medios de producción y flujos financieros. En este sentido, aspectos como la planificación en el calendario de los de pagos y cobros en divisa, el conocimiento de los productos de cobertura que ofrece el mercado, así como el análisis de las legislaciones específicas de determinados países en relación con el movimiento de capitales, cobrarán en adelante una especial relevancia para empresas que empiecen a considerar el mundo en su conjunto como el mercado natural para sus productos.

Jacobo Sanmartín Mazoy es director general de Ebury Partners.