Editorial

Los retos de América Latina

El informe sobre la economía de América Latina que presentó ayer la Fundación Areces dibuja una radiografía de la región llena de claros y oscuros, pero con interesantes perspectivas de inversión. Con una trayectoria de crecimiento constante que abarca los últimos 30 años –a excepción de 2009, tras el crash de Lehman Brothers–, Latinoamérica se enfrenta hoy a tres grandes retos: la necesidad de reindustrializar su economía, el aumento de la cohesión social y la atracción de suficiente capital privado como para costear el déficit de infraestructuras que padecen los países que la integran. Es cierto que durante ese periodo de crecimiento la región no ha conseguido resolver algunos de sus problemas más acuciantes. Por un lado, unas profundas desigualdades de renta que constituyen una amenaza constante de conflicto social e impiden un mayor desarrollo del consumo interno. Por otro, la corrección de unos abultados márgenes de economía sumergida que conforman una característica casi endémica de la zona.

Como toda región extensa, Latinoamérica resulta heterogénea, también bajo criterios económicos. Mientras países como Colombia, Chile, Perú y México ofrecen fortaleza suficiente como para poder soportar los envites de los ciclos de crecimiento, economías como Venezuela y Argentina muestran profundas debilidades y riesgos para la inversión. En medio de ambos bloques se halla Brasil, desestabilizado por los desequilibrios que ha acumulado gracias al ingente flujo de inversión que ha recibido por el Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, pero con buenas perspectivas debido a la recuperación de la demanda externa.

El esquema de retos y oportunidades que presenta América Latina, en especial su necesidad de industrialización y su potencial de construcción de infraestructuras, constituyen una oportunidad de inversión cuya importancia es difícil de subestimar. En esa carrera, las empresas y entidades financieras españolas llevan ya mucho tiempo apostando firmemente por la región, pero están llamadas a continuar y a aumentar una cooperación que ofrece importantes perspectivas de crecimiento. Entre las asignaturas pendientes, los países latinoamericanos destacan la necesidad de reducir la dependencia de las materias primas con la implantación de nuevos modelos de crecimiento, así como mejorar las inversiones en capital humano, educación y salud. Todo ello constituye una oportunidad de oro para el tejido empresarial español, pero no solo para las grandes compañías, sino también para medianas empresas que pueden encontrar en ese mercado una forma de diversificar sus negocios y compensar la caída del consumo que persiste en el mercado interior español.

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