Editorial

Pimco ve negocio en el ladrillo español

Las sociedades anónimas cotizadas de inversión inmobiliaria, más conocidas como Socimi, son herederas de diversos intentos para desarrollar en España vehículos de inversión inmobiliaria que nunca han sido capaces de impulsar al sector de forma eficaz. Creadas a finales de 2009, uno de los peores años de la crisis inmobiliaria, las Socimi también han sufrido dificultades y cambios en su normativa para superar los problemas de adaptación derivados de las peculiaridades del mercado español. Hoy, un lustro después de su puesta en marcha y después de varias reformas, parece que empiezan a encontrar su sitio. Tras el debut en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB) de las dos primeras, Entrecampos y Promorent, un grupo de Socimi hace cola para cotizar en el mercado continuo. La primera en saltar al parqué, el 6 de marzo, será la de Grupo Lar. No lo hará sola. De hecho, llega acompañada de un socio de lujo, Pimco. La mayor gestora de deuda del mundo, fundada a principios de los setenta por Bill Gross, desembarca así en el ladrillo español. Pero además adquiere un estatus privilegiado para actuar en el sector. El atractivo de las Socimi es que no pagan impuestos por los beneficios, son sus accionistas los que lo harán a través de los dividendos. Pimco ha visto otras ventajas, como las buenas oportunidades que ofrece el mercado, en lo que es una clara apuesta por España.

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