Editorial

Rajoy oficializa la incipiente recuperación

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, aprovechó su ya tradicional balance de fin de año posterior al último Consejo de Ministros del ejercicio para dar de manera oficial el pistoletazo de salida a la recuperación económica en España. El máximo responsable del Ejecutivo –aún con la prudencia que le acompaña como seña de identidad perenne– hizo lo más parecido a un discurso triunfalista que se le recuerda en los dos años que lleva de legislatura. Y lo construyó arrancando por el reconocimiento del tremendo esfuerzo que, para el conjunto de la sociedad, han supuesto los ajustes que ha dictado desde el palacio de la Moncloa.

A partir de ahí, desgranó iniciativas, como la puesta en marcha del Fondo de Liquidez Autonómica o del plan de pago a proveedores así como la mejora de las exportaciones, como piedras angulares del cambio económico experimentado a lo largo del año que está a punto de expirar. Aunque, tal y como enfatizó Rajoy, el termómetro más evidente de que el pulso macro de la economía española se está recobrando lo marca la evolución de la prima de riesgo. Tiene razón el presidente cuando asevera con rotundidad que hace tan solo 12 meses la gran pregunta era si España iba a pedir el rescate, si iba a ser intervenida, y que ahora eso parece un mal sueño que nunca tuvo lugar. En estos momentos, la famosa prima de riesgo aspira a colocarse por debajo de los 200 puntos básicos en los próximos meses. Una sensación de respiro que también se ha traducido en un llamativo ahorro en el gasto destinado a acudir a los mercados en busca de financiación. La reducción de la prima de riesgo se ha convertido en un ahorro de la nada despreciable cifra de 8.700 millones de euros, que van a representar un inestimable apoyo para lograr la consecución del objetivo de déficit público, sin duda la clave de bóveda de la estrategia económica del Gobierno.

Pero la gran sombra que planea sobre este esperanzador horizonte es la inasumible tasa de paro que sigue soportando la sociedad española, tal y como se encargó de poner de manifiesto el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba en su inmediata respuesta a los mensajes lanzados por el presidente del Gobierno.Mariano Rajoy no escondió el alcance de esta auténtica lacra, aunque trató de endulzar la situación argumentando que este año se cerrará con menos personas en el paro registrado que las que engrosaban esa maldita lista 12 meses antes. La evolución de la afiliación a la Seguridad Social –que el presidente no se atrevió a cuantificar con exactitud– parece destinada a ofrecer buenas noticias en los próximos meses.

En la intervención del jefe del Ejecutivo también hubo hueco para alabar las reformas emprendidas, singularmente las que han afectado al sistema financiero y al mercado laboral. No obstante, el presidente ya avanzó que las reformas no están terminadas y que su equipo no va a cejar en su empeño de seguir adelante con ellas y de vigilar estrictamente el control y el rigor sobre el gasto para que permita mantener la senda del cumplimiento del déficit público. Entre las reformas a abordar, la fiscal se perfila como la más llamativa del próximo curso. El Ejecutivo tiene la intención de aprobar un nuevo sistema tributario que conjugue el aumento de la recaudación con la relajación de la presión sobre las rentas medias y bajas, además de incentivar el ahorro.

Capítulo aparte merece la –visto lo visto– incompleta reforma eléctrica, que ha sido barrida por el conflicto de la subasta de la luz del pasado 19 de diciembre. De momento, el propio Rajoy aprovechó su aparición pública para anunciar que el precio de la luz subirá un 2,3% en enero. Y, además de lanzar un par de dardos envenenados a las eléctricas, adelantar que Industria está avanzando en nuevas modificaciones que afectarán al conjunto del sistema energético. Se antoja absolutamente necesario que esta nueva ronda de cambios nazca de un acuerdo de amplio espectro en el que el Gobierno dé juego tanto a los actores del negocio como al resto de partidos políticos. Lograr un marco estable y duradero debe ser un objetivo prioritario. La energía es vital no ya para el confort de los hogares, sino para que las empresas y la economía española no pierdan la batalla de la competitividad.

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