Arvato aprueba medidas para garantizar la asistencial laboral de las víctimas
La ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, durante la presentación de una campaña institucional contra la violencia de género.
La ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, durante la presentación de una campaña institucional contra la violencia de género.

Una mano tendida en el trabajo contra la violencia de género

María Cruz Díaz es una “superviviente”. Ha conseguido salir de la espiral de la violencia machista. Un calvario que se prolongó durante ocho años. Para lograrlo se apoyó en dos pilares básicos. Su familia fue fundamental, sus padres y su hijo. Y su trabajo. “Cuando estalló el episodio más violento y decidí huir con mi hijo, me fui con lo puesto. Mis padres me prestaron toda su ayuda”, recuerda Cruz. “Curiosamente, lo primero que pensé, tras la huida, es cómo iba a justificar mi ausencia en el trabajo”, añade.

Los temores de Cruz se disiparon pronto. Encontró en el trabajo una mano tendida. Ella es teleoperadora en Arvato Iberia, empresa del grupo Bertelsmann proveedora de soluciones BPO (business process outsourcing) para empresas y Administraciones orientadas a la interacción con el cliente final (gestiona departamentos de atención al cliente –call centers–, servicios de posventa o teléfonos como el 016 de violencia de género, entre otras muchas actividades).

Arvato viene desarrollando desde hace años políticas de recursos humanos específicas en materia de protección de víctimas de violencia de género. “El ámbito laboral es fundamental para que las mujeres que han sido víctimas de violencia por parte de sus parejas rompan los lazos de dependencia económica y salgan de esa espiral”, subraya Cristina Hernández, responsable de igualdad de Arvato. Además, la empresa suscribió el pasado 8 de julio su adhesión a la iniciativa dela Redde Empresas por una Sociedad Libre de Violencia de Género del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

80% de mujeres

De las 7.000 personas que trabajan en Arvato Iberia, el 80% son mujeres, debido fundamentalmente a una actividad laboral con una fuerte propensión al empleo femenino.

Arvato ha aprobado una serie de medidas para hacer efectivo el derecho a la asistencia laboral integral para las víctimas de violencia de género desde cinco aspectos: jornada laboral, lugar de trabajo, suspensión con reserva de puesto, ausencias y formación profesional.

“Arvato ha puesto en marcha un protocolo que trata de ser una mano tendida a la víctima y que es flexible en su aplicación, pues no todos los casos son iguales”, comenta Cristina Hernández. “A veces lo que necesita la víctima es un cambio de destino, otras veces solo un cambio de turno. O algo tan sencillo como procurar una plaza de aparcamiento cercana al centro de trabajo: una trabajadora nuestra vivía con angustia la distancia que debía recorrer desde que dejaba el coche aparcado hasta el centro de trabajo”, explica la responsable de igualdad de Arvato.

Infierno jurídico

“En mi caso, todo fueron facilidades. No hubo problema para justificar las ausencias. Y tuve suerte, porque en el juicio rápido mi agresor reconoció el maltrato, eso lo facilita todo. Para otras mujeres, tras el juicio empieza un verdadero infierno jurídico: impagos de deudas e hipotecas, trámites de divorcio, ratificación de medidas… El examen psicológico para justificar el maltrato puede alargarse un año”, se lamenta Cruz.

“Por parte de estas trabajadoras, de estas supervivientes, hay un fuerte compromiso de reciprocidad con la empresa, estas mujeres están más comprometidas con su trabajo que otros empleados”, recalca Cristina Hernández.

El protocolo también garantiza la confidencialidad. Existe una dirección de correo específica y todos conocen el teléfono del director de recursos humanos.

Asimismo, la empresa pone especial empeño en la formación específica en igualdad y violencia de género de los cuadros medios. “Se trata de que sepan identificarlo y de que quien lo sufre se anime a denunciarlo, pues ha de saber que no va a estar sola”, concluye la responsable de igualdad de Arvato.

Cruz ha dejado atrás aquel episodio. Ahora, su experiencia la ha puesto al servicio de otras víctimas, a través dela Asociación Victoria.De momento solo en Fuenlabrada y Leganés, en Madrid, con la intención de ir ampliando su radio de acción.

Un mismo patrón de comportamiento

El caso de María Cruz Díaz se ajusta al patrón de lo que es la violencia contra la mujer en el hogar: una primera fase de normalidad en la vida de pareja que da paso a una segunda etapa de tensión. “Trata de convencerte de que no necesitas trabajar, te aleja del grupo de amigos de siempre y hasta de tus propios padres. Yo tenía que ver a los míos a escondidas. Quiere que te convenzas de que no vales nada sin él”, recuerda su experiencia Cruz.

En este periodo de tiempo la tensión se va haciendo cada vez más intensa, hasta llegar a un punto de catarsis con una acción especialmente violenta. En este punto se puede producir la ruptura o si la mujer decide dar una segunda oportunidad, se pasa a una tercera fase: el hombre reconoce la gravedad de lo ocurrido, pide perdón y asegura que no volverá a ocurrir: es lo que se conoce como etapa de luna de miel. Cada fase en este ciclo puede durar en torno a dos o tres años.

Tras la luna de miel, vuelta a empezar, comienza un nuevo periodo con las mismas tres etapas, pero ahora se va pasando de una a otra en plazos más cortos de tiempo. “Es un error grave pensar que puede haber segundas oportunidades”, reconoce Cruz y advierte que este esquema se quiebra últimamente con parejas muy jóvenes. Las fases son las mismas, pero en periodos muy cortos de tiempo. Dos, tres meses.

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