A Fondo
Uno de los pozos en explotación de Vaca Muerta.
Uno de los pozos en explotación de Vaca Muerta.

Repsol y la larga estela de YPF

Repsol vive momentos de desasosiego que tienen su origen en la expropiación de YPF. Con un accionariado variopinto que nada tiene que ver con los tiempos tranquilos en que La Caixa gozaba de un holgado control minoritario, la petrolera y su presidente, Antonio Brufau, tienen muchos  frentes abiertos.

 La nacionalización de la filial argentina en abril de 2012, por la que aún no ha recibido ni precio ni justiprecio, obligó a Repsol a diseñar un plan de desinversiones para evitar el descenso a los abismos de su rating crediticio. El plan se rematará cuando la compañía rubrique la venta de la división de gas natural licuado (GNL) a Shell, un proceso lento que obliga a negociaciones con los socios minoritarios de muchos de los activos en Latinoamérica, especialmente en Perú.

Además, argumentando que sin el negocio de GNL ya no tiene sentido su participación del 30,01% en Gas Natural Fenosa (un paquete histórico que fue antes que el GNL), la petrolera expresó a principios de verano su deseo de ponerla también en venta. Se trata de una opción que estaba encima de la mesa desde el día siguiente a la expropiación de YPF, con la que no persigue tanto reforzar su balance como hacer caja para comprar activos de upstrteam y compensar la pérdida de reservas derivadas del expolio argentino. De nuevo YPF.

La fecha para el cierre de estas operaciones son del todo imprecisas: la primera podría llegar antes de fin de este año o principios del que viene, mientras que la enajenación de la participación de Gas Natural Fenosa depende de las negociaciones con hipotéticos compradores. No hay petrolera que se precie en el mundo que no haya figurado en algunas de las listas de supuestos interesados, pero solo a dos se les puede calificar como tal. Se trata de Temasek, el fondo soberano de Singapur, que tiene un 6,2% de la propia Repsol y tiene representación en su consejo, y la china Sinopec, socio de la petrolera en su filial brasileña, en la que tiene un 40%. Pero, como han dado cuenta los medios, mientras el primero se ha retirado de la puja, el segundo se lo está pensando.

Nada hay definitivo en unos movimientos, tras los cuales, Repsol podría esconder otro plan B. Pues no se trata solo de vender, sino de que el dinero obtenido por Gas Natural le permita adquirir reservas que luzcan. A precios de mercado, el 30% de Gas Natural tendría un valor de unos 5.000 millones de euros.

Argentina no parece dispuesta a pagar un justiprecio pero está presionando vía política

Pero Repsol no tiene del todo las manos libres. La petrolera mantiene un pacto parasocial con La Caixa, que tiene otro 34% de Gas Natural, para repartirse el consejo de administración. Eso sí, las partes reconocen que la venta se hará previo acuerdo con la entidad, cuyo deseo es que la participación se reparta entre más de un inversor para mantener su posición mayoritaria, incluso vendiendo un pequeño paquete sin bajar del 30%, límite para una opa.

Fuentes empresariales ligan la salida de Repsol de Gas Natural a un hipotético abandono de La Caixa del capital de la petrolera, donde tiene un 12%. De momento, con la emisión de bonos convertibles en acciones de Repsol (por un 2,5% del capital) que realizó la semana pasada, la entidad salva la penalización que los requerimientos Basilea III infligen por las participadas de más del 10%.

Los citados bonos podrían canjearse en tres años por el citado 2,5%, lo que la dejaría con un 9,5% de Repsol, si decide canjearlos todos. De ser así, se quedaría con la misma participación que Pemex y por debajo de Sacyr, que tiene un 10%.

Pero el principal frente que mantiene la compañía está claramente relacionado con el capítulo por cerrar de la expropiación de YPF. Aunque Repsol mantiene una batalla judicial contra el expolio argentino desde hace más de un año, a la que YPF respondió hace unos meses con una oferta del todo insatisfactoria (se invita a Repsol a explotar unos activos de Vaca Muerta que Argentina valora en un mil por cien) para el consejo de la petrolera española, ha sido recientemente cuando las presiones para lograr un acuerdo han arreciado.

YPFnecesita firmar la paz con Repsol para atraer a inversores internacionales para explotar el macroyacimiento de shale de Vaca Muerta, en el que la petrolera argentina tiene un dominio minero de 12.000 kilómetros cuadrados. Repsol ha amenzado con recurrir contra las compañías que se presten a explotar sus activos confiscados.

Solo Chevron se ha prestado a firmar un acuerdo para explotar una mínima parte, con unas condiciones leoninas. Hay quien asegura, que, en su contrato, Chevron exige que YPF logre que Repsol retire sus pleitos, que incluye un arbitraje internacional ante el Ciadi.

En esta tarea, Argentina, que no está dispuesta a pagar con dinero o activos líquidos, como pide Repsol, ni por un importe al menos similar a la valoración que Deloitte tiene anota a YPF en el balance de la compañía (5.000 millones de euros), está buscando aliados para presionar por distintas vías políticas.

De ahí el papel que, en este sentido, está desempeñando la mexicana Pemex, que ya en su día intentó el control de Repsol en alianza con Sacyr, y que justifica sus presiones alegando que tiene interés en explotar Vaca Muerta. Una explicación que resulta poco verosímil y se presta a todo tipo de especulaciones sobre los intereses ocultos de esta y otras compañías mexicanas.

Al ruido ha contribuido la campaña mediática lanzada en España por YPF, hasta ahora una desconocida por estos lares.

 

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