Lloyd Blankfein "desearía" que el banco no los hubiese comercializado
El presidente de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, el 12 de noviembre en una conferencia en Nueva York. Ampliar foto
El presidente de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, el 12 de noviembre en una conferencia en Nueva York. Reuters

El presidente de Goldman asegura que "lamenta" la venta de productos que condujeron a la crisis

Mea culpa de uno de los banqueros más poderosos de Wall Street. Lloyd Blankfein, el presidente de Goldman Sachs, ha asegurado que lamenta la comercialización de CDO, obligaciones de deuda garantizada, que fguerin uno de los principales causantes del crash financiero de 2008 y que desembocó en una de las peores crisis económicas mundiales.

"Desearía que la organización no hubiese comercializado los complejos CDO's entre 2006 y 2007", aseguró en una conferencia bancaria celebrada en Nueva York. "Y, ya pasada la crisis, desearía que hubiese sido más ágil a la hora de describir quiénes somos y qué hicimos como firma y cómo éramos antes de que todo el mundo nos definiese", prosiguió. "Competíamos contra una narrativa ya existente, y eso es algo difícil dejar de hacer".

Un CDO (siglas que corresponden a collateralised debt obligation) es un complicado instrumento que funciona en la práctica como un bono y que se divide dividido en tramos. Cada uno de esos tramos tiene un nivel de riesgo diferente, una calificación diferente e, incluso  un tipo de interés diferente. Su respaldo (llamado en inglés collateral, de ahí su nombre) son obligaciones como hipotecas, préstamos estudiantiles, créditos para comprar coches y tarjetas de crédito. Se le considera uno de los principales causantes, junto con los derivados de crédito, de la burbuja financiera que estalló a finales de la década pasada.

Estos productos condujeron en 2010 a una denuncia del regulador estadounidense contra el banco por vender un CDO llamado Abacus, que estaba, en secreto, destinado a fracasar y de cuyo descalabro se iba a beneficiar el propio grupo y un puñado de inversores. El banco zanjaría la cuestión pagando 425 millones. Goldman nunca admitió que hubiese obrado mal.

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