El Foco

Una oportunidad laboral

Industrial Internet es un nuevo paradigma que está llamado a transformar los modelos de negocio y el panorama socioeconómico a través de lo que ya se denomina una nueva revolución industrial. Esta incipiente etapa de transformación industrial viene marcada por la tecnología y representa una gran oportunidad para los estudiantes de hoy en día, que podrán aprovechar sus ventajas siempre y cuando pongamos a su disposición la formación y las condiciones adecuadas para ello.

En última instancia, la recompensa para Europa puede ser realmente grande. El informe de GE The Industrial Internet - Pushing the Boundaries of Minds and Machines: a European Perspective revela que Industrial Internet podría aportar 2,2 billones de euros al PIB europeo –más de 91.000 millones de euros a España– de aquí a 2030. Esto equivale a alrededor de una cuarta parte del tamaño actual de la economía de la zona euro. Además, la industria podría ahorrar miles de millones de euros si Industrial Internet lograra un aumento de tan sólo un 1% en la productividad anual durante los próximos 15 años; y estas son las estimaciones más conservadoras.

Industrial Internet también podría ser el catalizador de una revolución de la productividad en Europa, que ayudaría a ahorrar cientos de miles de millones de euros en tiempo y recursos malgastados en sectores europeos clave, como la atención sanitaria o la energía. Y es que el potencial de las tecnologías de datos en conjunción con internet es tal que supondrá la inclusión de nuevos modelos de producción y la consecución de cotas de eficiencia empresarial insospechadas. El objetivo puede alcanzarse combinando máquinas conectadas a Internet, el diagnóstico de productos, el software y las funciones analíticas para lograr que las operaciones comerciales sean más eficientes, proactivas y predictivas, además de estar estratégicamente automatizadas.

En 2015 Europa sufrirá un déficit de 700.000 técnicos e ingenieros cualificados en el sector de la alta tecnología

No obstante, aunque el desarrollo de Industrial Internet se basará en la tecnología, el cambio real dependerá de la disponibilidad del talento. De la misma manera que hoy día la automatización de los procesos industriales hace prescindir de perfiles de trabajadores que fueron importantes en el pasado, es evidente que la innovación tecnológica está generando la necesidad incipiente de contar con nuevas y más especializadas figuras profesionales con elevada formación técnico-científica. Contar con talento es pues, un desafío importante para Europa y para España. Según las estimaciones, en 2015 Europa sufrirá un déficit de 700.000 técnicos e ingenieros cualificados en el sector de la alta tecnología, y se prevé que en los próximos 20 años haya 50 millones de vacantes sin cubrir en la Unión Europea. Esto es consecuencia de la doble presión que ejercen el cambio demográfico y una formación poco alineada con las tendencias emergentes. En esta tesitura, el viejo continente competirá con otros países y regiones del mundo por dicho capital humano, lo que requerirá importantes reformas laborales y estructurales en toda Europa que faciliten la movilidad de los profesionales dentro de la UE y permitan atraer a expertos cualificados de otras zonas. Este reto podría suponer una oportunidad para España, que tiene una tasa de desempleo juvenil de más del 50%. Pero el esfuerzo deberá ser conjunto.

A pesar de las oportunidades para los licenciados actuales y futuros en determinados sectores y de la existencia de un sistema educativo consolidado y de nivel, el número de titulados en ingeniería ha sufrido un leve aunque constante declive a lo largo de los últimos cinco años. Debemos, por tanto, buscar la mejor manera de maximizar nuestros limitados recursos para lograr que España aproveche el potencial con el que cuenta, mediante la creación de un destacado nodo de talento para Industrial Internet.

En este sentido, invertir para crear sistemas formativos adecuados será prioritario para dar respuesta a las necesidades futuras tanto del sector empresarial como de nuestros jóvenes; de la misma manera que lo será promover más la matriculación en estudios vinculados a la ciencia, la tecnología analítica, la ingeniería y las matemáticas. Así se lograría desarrollar nuevas profesiones y capacidades que aglutinen la experiencia en software de analítica de datos y en diversas ramas ingenieriles, y que mejoren las aptitudes multilingües.

Según Gartner, por ejemplo, en los próximos dos años, sólo el segmento del Big Data generará 1,2 millones de empleos en Europa occidental y casi 4,5 a nivel mundial en los próximos dos años. Si desde la universidad y colaboración público-privada se ahondase en programas educativos afines, España podría ser referente en la formación de científicos de datos de primer nivel. Además, la educación podría mantener el ritmo de este entorno en constante cambio fomentando una relación cercana con la industria. La formación de reciclaje, destinada a reorientar carreras de las personas desempleadas, también podría proporcionar oportunidades para muchos de los nuestros.

La clave del éxito de cada nación residirá en el establecimiento de planes educativos y de inversión

La inversión privada en Industrial Internet se centrará en aquellos países y regiones que hayan creado un entorno que propicie su desarrollo, y la disponibilidad de mano de obra cualificada será crucial para atraer dicha inversión. En esta misión, la clave del éxito de cada nación residirá en el establecimiento de planes educativos y de inversión que reduzcan la distancia que existe entre la formación académica y las necesidades más pragmáticas de las empresas.

Dada la magnitud de la oportunidad que representa Industrial Internet, España podría gozar de una posición inmejorable para maximizar sus beneficios colaborando con otros Estados miembros de la UE de cara a construir y desarrollar la bolsa de talento necesaria, reasignar la inversión para incorporar rápidamente las nuevas tecnologías a su capital y crear un marco que facilite un flujo de información sencillo y seguro entre países.

En definitiva, España podría beneficiarse de la nueva revolución industrial no solo desde el punto de vista de desarrollo empresarial, sino de posibilidades de formación y empleo para las generaciones venideras; pero esto sólo será posible como resultado de un esfuerzo conjunto en la creación del talento que se demandará en un futuro inminente. Asegurémonos de no desaprovechar esta oportunidad.

 

Daniel Carreño es presidente de GE en España y Portugal

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