Editorial

Solvencia, liquidez, tipos y crédito

Europa no acaba de estar convencida de haber superado los efectos que la crisis, financiera primero y económica después, ha provocado en sus sistemas bancarios, puesto que sería demasiado osado hablar de uno integrado en la zona euro. Prueba de ello es el exámen integral al que someterá a todas las entidades del continente el Banco Central y la Audoridad Bancaria Europea antes de que aquél se haga cargo de la supervisión única, tanto en la determinación de los criterios de medida como en la ejecución efectiva de las pruebas de esfuerzo, hasta ahora desarrolladas por los bancos centrales nacionales de forma delegada.

Pero es generalizada la impresión de que los avances en la generación de solvencia han sido importantes, sobre todo en los países que han estado severamente vigilados como es el caso de España. Más dudas existen sobre los franceses y alemanes, que podrían sortearlas con rápida captación de capital de primera categoría en sus mercados, y especialmente sobre los italianos.

Pero en el caso de España, las propias autoridades comunitarias dan por hecho que su banca puede abandonar el programa de auxilio (rescate) a fin de año, aunque las entidades nacionalizadas tengan que seguir al pié de la letra las indicaciones del memorando de entendimiento y España prosiga lentamente restituyendo a las arcas comunitarias el precio del rescate (41.300 millones de euros). La impresión de que la salud de la banca española ha mejorado se confirma con cifras tales como la fuerte reducción de la disposición de efectivo en la ventanilla del BCE, puesto que ya ha devuelto casi una tercera parte de la liquidez tomada en las dos macrosubastas a tres años.

Es también un hecho que grandes bancos europeos (alemanes, franceses y británicos) han abierto sus arcas para financiar a la banca española, especialmente a las entidades de gran tamaño, y que los mercados de repos recuperan un lugar en el mercado de la financiación. No puede decirse que el interbancario haya vuelto a la normalidad que tanía antes de verano de 2007; pero la banca reconocida continentalmente como sana (y la española lo está tras las sucesivas rondas de recapitalización, reforzamiento de provisiones y limpieza de activos dañados con destino al banco malo) comienza a captar cada vez mayor proporción de los recursos que precisa para atender el crédito y los vencimientos en ventanillas ajenas al BCE.

Y de momento no parace que hayan aflorado tensiones en los tipos de interés, aunque si lo hicieran es evidente que el BCE repetiría la macrosubasta a tres años, y quizás relajaría más los tipos directores. Está empeñado, y es más necesario que nunca, en garantizar liquidez a precio de ganga para que la recuperación no se trunque por falta de crédito ahora que ha arrancado en Europa.

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