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Tribuna
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La ventana abierta de la financiación

Esta semana está siendo intensa en financiación corporativa, hasta el punto de que contabilizando las operaciones realizadas desde el primero de septiembre, las empresas españolas han captado en el mercado unos 11.000 millones de euros, sumando bonos y cédulas hipotecarias por parte de la banca. Ya en las primeras semanas del año se produjo un fenómeno parecido, con una pequeña avalancha de emisiones de empresas, al hilo de un cambio de sentimiento acerca de la situación financiera de España, que vino acompañada de una flexión a la baja de la prima de riesgo del país. Dado que tal flexión se ha intensificado en los meses siguientes, en los que el bono a diez años del Tesoro español se ha acercado al 4%, las empresas acumulan emisiones de distinta naturaleza por valor de 41.000 millones de euros. Es la mejor señal de que España y sus empresas han recuperado el crédito del mercado y de que la ventana de la financiación está definitivamente abierta. Aunque se siga pendiente de una hipotética mejora de la calificación crediticia del país como catalizador de un nuevo impulso a la financiación corporativa, las empresas han entendido ya que las oportunidades han dejado de ser coyunturales para convertirse en algo cuasi estructural. Evidentemente, una mejora del rating supone un abaratamiento en las rentabilidades otorgadas en las emisiones; pero el coste que las empresas comienzan a pagar es atractivo como para cargar las reservas de liquidez con suficiente antelación a los vencimientos.

Las empresas no han hecho otra cosa que seguir la estela que ya ha marcado el Tesoro, que hoy pondrá en el mercado una emisión de algo más de 3.000 millones con títulos a 30 años. La oficina de financiación del Estado, además de aprovechar la mejora estructural de las condiciones de la economía española, en la que la gran mayoría de las casas de análisis han puesto el acento en las últimas semanas, ha diseñado una estrategia de captación de los recursos coherente, que le ha llevado a desplazar la vida media de los títulos hacia arriba, además de bajar su coste, lo que supone disminuir la presión del calendario de corto plazo.

Si hace un año las grandes corporaciones apelaban incluso a la petición de rescate para rebajar la financiación, hoy abiertamente deban admitir que tal problema está al menos en vías expeditas de solución. Cierto es que no pueden decir lo mismo las pequeñas y medianas empresas, para las que la financiación de nuevos proyectos o la refinanciación de los ya existentes depende de la lupa exigente de la banca, a su vez estrechamente vigilada por las autoridades comunitarias y el Banco de España. Ese es el gran tapón para que el crecimiento puede hacerse compatible con el lento desapalancamiento de los agentes más endeudados. Amparado solo en el ahorro privado, y sin gasdto público, el crecimiento será muy lento.

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