Editorial

Crecer para competir con mayor éxito

Las razones que explican la baja competitividad de la economía española son varias y bien conocidas. Unos costes energéticos excesivos, una productividad por empleado todavía lejos del óptimo, un mar de inútil burocracia, rigidez en los mercados y una hiperatomización en el tejido empresarial figuran entre los factores que nos mantienen en la cola de nuestros vecinos europeos en esta materia. Si se llevase a cabo una corrección de esos desajustes, especialmente en áreas como la productividad por trabajador y la investigación en I+D, el resultado se traduciría en un incremento del 2,4% en el PIB español. El cálculo forma parte de un informe, publicado ayer por PwC y Siemens, que apunta al elevado potencial de crecimiento que encierra el sector industrial en España. El análisis sostiene que por cada euro del PIB generado de forma directa por la industria en su conjunto, se generan 1,14 euros adicionales de forma indirecta. Y que por cada empleo directo en la industria se crean 1,03 empleos indirectos y 0,4% indirectos.

Por si hubiera alguna duda, cifras como esta demuestran que potenciar el sector industrial en España es un objetivo de primera importancia y que no puede dejarse más tiempo de lado. Las grandes economías mundiales –desde Alemania a Estados Unidos, Japón o Reino Unido– cuentan con una industria sólida, moderna, competitiva y, sobre todo, innovadora. Cuatro ingredientes que deben guiar cualquier desarrollo del sector industrial en España para hacerlo capaz de irrumpir en la liga de las grandes economías y hacerlo de forma sostenida y permanente.

Dada la situación en que se encuentra la economía española, todo factor que acelere y eleve el crecimiento debe ser tomado muy en serio. Entre esos elementos figuran variables que forman parte del ADN de la estructura económica española, como el tamaño de las empresas. Con un tejido empresarial tradicionalmente muy atomizado, nuestro sector empresarial dispone de menos herramientas para competir con garantías en los mercados internacionales. Mientras en España existen 2.600 empresas con más de 250 trabajadores, en Alemania la cifra se eleva a 14.000. Una vez aprobadas las grandes reformas que inciden directamente en la competitividad de nuestra economía, es el caso de la del mercado laboral o la energética, es necesario apurar la lista de tareas pendientes. Ayer mismo Bruselas daba un tirón de orejas a España por su lentitud al aprobar ese calendario reformista. Si bien es cierto, tal y como ha asegura el Gobierno, que algunas de esas asignaturas han sido ya implentadas, otras todavían están en lista de espera. A ello hay que sumar la urgencia de normalizar el funcionamiento de un mercado de crédito que constituye el alimento de todo el tejido empresarial e industrial. Cuanto antes se culminen esas tareas, antes podremos hablar de recuperación

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