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Un palacio rodante lleva el lujo al Camino de Santiago

Un palacio rodante lleva el lujo al Camino de Santiago

El tren, el auténtico protagonista del viaje, cautiva y atrapa al pasajero

La gastronomía y el vino son dos piezas fundamentales del itinerario

Santiago de Compostela

Nada más entrar en la estación de Zaragoza, los ojos se detienen sin querer en el tren Al Andalus, cuyo diseño rústico y tradicional resalta entre los ferrocarriles de alta velocidad estacionados en la moderna terminal. Subir a este palacio rodante, que se presentó en sociedad en julio con un viaje para prensa, hace que uno se dé cuenta de que el trayecto no será como otro cualquiera.

Es en la capital aragonesa donde el próximo verano comenzará el nuevo recorrido del Al Andalus, uno de los trenes turísticos de Renfe, que tras el éxito de sus rutas por Andalucía y la costa cantábrica prepara un itinerario en el que se visitan durante seis días y cinco noches los pueblos y ciudades más emblemáticos y especiales del Camino de Santiago. Desde la ciudad maña hasta La Coruña, pasando por Miranda del Ebro, Burgos, Astorga, Ponferrada, Orense, Cambados, Pontevedra, Vigo y, por supuesto, Santiago de Compostela.

Pero esta experiencia no es deslumbrante solo por el recorrido: lo es también por el tiempo que se pasa en el convoy. El propio Al Andalus, el auténtico protagonista del viaje, cautiva y atrapa al pasajero.

Un palacio rodante lleva el lujo al Camino de Santiago

¿Cómo es este tren? Con cuatro coches salón y siete coches suite, el lujo y el confort se reparten a lo largo de los 400 metros de longitud del ferrocarril. Es el tren turístico más largo de España, el más ancho del planeta y uno de los más lujosos que existen. Tiene una capacidad máxima para 64 viajeros, que pueden recorrer esta joya rodante al completo, ya que los vagones están conectados interiormente. Las 32 suites –12 con dos camas individuales y 20 con cama de matrimonio– están perfectamente equipadas con caja fuerte, minibar, armarios y un cuarto de baño individual. El descanso durante el viaje está garantizado. Por las noches el tren permanece estacionado en la ciudad o pueblo que se visita para continuar con el trayecto a la mañana siguiente.

Los cuatro coches salón –dos joyas ferroviarias de los años veinte restauradas– se convierten en la zona común, en la que se disfruta del bufé desayuno y de varios de los almuerzos y cenas que se hacen durante el viaje. Son perfectos para leer, ver la televisión o deleitarse con los paisajes que atraviesa el ferrocarril mientras se disfruta de una copa o un café.

El tren Al Andalus deja huella en cada estación en la que se detiene, despertando la curiosidad de todos los viajeros apeados en el andén. Todo el viaje está marcado por los cuidados de la tripulación, compuesta por cocineros, maquinistas, vigilantes de seguridad, guías para las visitas, camareros y azafatas acompañantes. Todos ellos acaban llamando a cada viajero por su nombre para que se sienta como en casa.

Paisaje, vino y comida

Un palacio rodante lleva el lujo al Camino de Santiago

El recorrido está marcado por el Camino de Santiago, pero la oferta turística va mucho más allá. El ámbito gastronómico es una pieza fundamental en esta ruta, en la que se prueba la comida típica del lugar que se visita. Desde la morcilla de Burgos hasta la empanada gallega, pasando por una comida en el castillo templario de Ponferrada, un almuerzo en el pazo de Fefiñanes y hasta un paseo en barco entre las bateas que guardan los mejores mejillones de la ría de Arousa.

Y junto a la gastronomía, la otra pieza primordial es la vitivinícola. Se visitan históricas bodegas, como Marqués de Riscal, y se prueban los vinos más destacados de la zona. La ruta es inmejorable para disfrutar de los mejores riojas y albariños.

Durante todo el viaje, un autobús acompaña al ferrocarril, esperándolo en cada parada para que los viajeros gocen de la máxima comodidad.

Para aprovechar el trayecto, también se hace parada en otros sitios, como el yacimiento de Atapuerca, el castillo de los templarios en Astorga o los pazos gallegos de Santa Cruz de Ribadulla y de Oca.

El itinerario del viaje es idóneo para disfrutar del paisaje desde el tren. En tan solo seis días pasará de recorrer los viñedos riojanos a contemplar las rías, montañas y playas gallegas.

El precio, desde los 3.650 hasta los 4.800 euros. Una ventaja, la gran cantidad de descuentos disponibles.

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