La venta ambulante pierde un 60% de sus ventas
Señora comprando fruta en el puesto de un mercadillo
Señora comprando fruta en el puesto de un mercadillo

La crisis también golpea duro en los mercadillos

Los hipermercados vuelven a verlos como una amenaza

La figura del mercadillo en España arrastra a sus espaldas muchos siglos de historia. La venta ambulante es una de las tradiciones que permanece más fiel a sus orígenes, pero en los últimos años y debido a la crisis económica, ha visto como cambiaba su fisonomía. La competencia desleal por la intrusión en el sector de inmigrantes sin papeles y el desarrollo de un comercio de importación frente al de productos nacionales son algunas de las causas que, según fuentes implicadas, han provocado que las ventas disminuyan en un 60% respecto a los años previos a la crisis. La otra gran causa es la sequía en los bolsillos españoles.

Pese a la bajada que denuncian los comerciantes ambulantes, los grandes de la alimentación y la industria textil admiten que hasta ahora no habían sentido la amenaza de este tipo de venta, pero que en el momento actual gran parte de su pérdida de cuota es derivada del flujo dirigido al mercadillo de barrio. Por esta razón, los gigantes enfocan ahora más que nunca su negocio a la pequeña superficie, donde esperan recuperar los clientes perdidos de sus grandes hipermercados.

Desde las asociaciones de comerciantes afirman que las calles de sus mercadillos están llenas de clientes nuevos, pero la decisión de compra se hace tan dura como en las tiendas: “Hay más gente porque hay más personal en paro que sale a distraerse, pero luego nadie compra“, dice Antonio Figueroa Lorente, presidente de la asociación de vendedores ambulantes de Jaén. Además han notado que su clientela de toda la vida ya no gasta tanto como antes y se lo piensa dos veces antes de adquirir un artículo, “hay clientas que tenemos hace muchos años que se sinceran y te dicen que, aunque les gusta el artículo, no pueden llevárselo”, lamenta el vendedor Figueroa.

La venta de todos los tipos de productos han disminuido, pero el que ha sentido con mayor fuerza el efecto de la recesión ha sido la mercancía textil:  “La gente ya no se permite caprichos. La ropa, los bolsos y los zapatos se consideran productos secundarios y todo parece caro”, afirma un vendedor.

Los puestos de frutas y verduras también sienten el mazazo de la crisis, aunque en menor medida que sus vecinos de tenderete. Los datos recogidos por la Federación regional de Murcia de vendedores ambulantes, sitúan la disminución de la venta de fruta y verdura en un 50%, frente al 70% de los productos textiles. “Antes vendíamos por kilos, ahora la gente pide unidades”, explica Fulgencio Barba, presidente de la Federación murciana.

40.000 familias
El número de familias que se dedican a esta actividad ha aumentado desde que comenzó la crisis.  Solo en  Andalucía los datos recogidos por la Federación andaluza de comerciantes en los años de bonanza situaba la cifra entorno a las  38.000, los último cálculos son de más de  40.000.

El perfil de las personas que se dedican a esta actividad también  ha variado considerablemente. El comerciante de mercadillo ha carecido de estudios por regla general, muchos eran inmigrantes o pertenecían a minorías étnicas. Esos perfiles se mantienen, pero ahora emerge el estudiante universitario, que al no encontrar otra salida crea un puesto ambulante. “Tenemos más licenciados y más universitarios que nunca en nuestro sector, que cogen cualquier cosa y se ponen a vender en el mercadillo para subsistir”, cuenta Figueroa. 

La venta ilegal, una competencia desleal

Uno de los principales problemas que denuncian desde las asociaciones de comerciantes ambulantes es la venta ilegal, que crea en el sector una competencia desleal. Cada vez son más los inmigrantes sin papeles que venden sin permisos en los mercadillos de los barrios.

Desde la Federación murciana de vendedores ambulantes declaran que para poder tener un puesto legal en el sector hace falta contar con una gran cantidad de documentación en regla y eso resulta muy costoso: permisos, seguros o tarjetas de transporte son algunos de los documentos necesarios. “El que una persona pueda llegar a vender sin esos permisos hace que puedan bajar los precios de los productos y así resultar más deseables para los clientes, aunque la mayoría de las veces sean de poca calidad”, denuncia Fulgencio Barba, presidente de la Federación murciana.

Por otro lado, se encuentran los comerciantes que queriendo tener un puesto legal denuncian que obtener las licencias y permisos resulta en ocasiones tan complicado que a veces es prácticamente imposible conquistar una plaza. El último caso llamativo de este problema es el de Inmaculada Michinina Costas, que presentó  el pasado mes de julio su denuncia ante el pleno del Ayuntamiento de Cádiz.

Pero el sector no encuentra los mayores problemas en esta clase de comerciantes, sino en lo que denominan mafias, que roban toda clase de productos que posteriormente venden a precios irrisorios en los mercadillos. Además, denuncian que la vigilancia de este tipo de prácticas es escasa.

Eso sí, muchos de los que ha pasado por una facultad y se aventuran a esta actividad son hijos y nietos de los que tiempo atrás han tenido un puesto ambulante. “Muchos de  nuestros hijos están sobradamente preparados, han estudiado, saben idiomas, algunos han llegado a tener trabajo en su sector, como mi hija que es profesora, pero ahora no les ha quedado más remedio que acompañarnos por los pueblos y barrios. La cuestión es poder comer”, sentencia el representante de los comerciantes murcianos Barba.

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