Editorial

Siria, peligro para la recuperación

Los buenos datos de la economía alemana en el segundo trimestre, en el que creció un 0,7% respecto al primero, mejorando las previsiones, son una tentación para optimistas, que ven con alegría cómo la locomotora empieza a tirar de nuevo. A estos habrá que recordarles que son muchas las incertidumbres que sobrevuelan la economía europea, pero ahora además les hay que añadir los inquietantes nubarrones a nivel global, centrados una vez más en Oriente Próximo, que se están reflejando ya en el precio del petróleo y empiezan a golpear a las Bolsas. Cuando en la primera economía europea la confianza de los empresarios está en máximos de más de un año, y no solo valoran positivamente la actual situación, sino que también mejoran sus expectativas, la creciente tensión internacional, con epicentros en las crisis en Siria y Egipto, llega a aguar la fiesta antes de que empiece. El conflicto puede, como ayer reflejaron las Bolsas con fuertes caídas, frustrar la incipiente salida de la mayor crisis de la economía contemporánea. Cierto que la economía alemana ha cambiado a una marcha más alta. Tanto como que los últimos datos de confianza del principal comprador de sus exportaciones, EE UU, también son al alza. Un marco que animaría a la tranquilidad si no fuera por el temor a esa nueva tormenta que se está formando en el desierto.

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