Editorial

El viaje de Kodak, la I+D y las leyes

La centenaria Kodak, que popularizó la fotografía analógica en todo el mundo y no supo ganar en los nuevos tiempos digitales, va a salir de la suspensión de pagos tras 19 meses. Por el camino, ha vendido más de mil patentes para obtener liquidez y afrontar sus compromisos en pensiones. La nueva Kodak renace como una sociedad mucho más pequeña que la que en los noventa figuraba en el top 10 de las mayores cotizadas en EE UU por capitalización, con más de 31.000 millones de dólares. Desde ahora, Kodak prevé concentrar sus actividades en la tecnología de impresión digital de alta velocidad y el envasado flexible de bienes de consumo. Este viaje de ida y vuelta sugiere dos reflexiones. La primera se refiere a la eficacia de la legislación estadounidense para que el tropezón de una compañía no se convierta en su entierro. El conocido Capítulo 11 al que se ha acogido Kodak –y otras muchas, como el gigante General Motors– sirve para dar oxígeno a las empresas, pero siempre con el objetivo de que revivan y vuelvan a ser competitivas. Un concepto muy poco arraigado a este lado del Atlántico. Y la segunda, resaltar una vez más el valor de la I+D. Kodak, que hizo en 1975 la primera cámara digital, no supo sacarle partido, pero ha superado esta crisis gracias a la venta de patentes tecnológicas. Y aún le quedan 9.600 para afrontar su nuevo futuro.

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