Tribuna

Echar raíces

Vivimos en crisis económica desde hace más de 6 años y hoy, más que nunca, seguimos con una incertidumbre global importante: Europa parece que remonta pero no lo suficiente, EE UU quiere salir de la crisis pero existen datos contradictorios para que realmente creamos que deja atrás de una vez por todas los ecos de 2007 y 2008, los países emergentes están ralentizando su crecimiento y España, ¿qué decir? Depende del cristal con que se mire y qué entidad u organismo nos ofrezca sus predicciones, podemos pasar de la felicidad al desamparo con solo pasar de página del diario de turno.

Si hablamos de los economistas, seguimos (y me incluyo) en el eterno debate de la ciencia “a toro pasado”, incluyendo discusiones metodológicas y claramente ideológicas y, por desgracia, apareciendo en programas generalistas de televisión donde lo más probable es que confundamos a la opinión pública, porque obligan a reducciones de la realidad y de la ciencia económica, por el formato televisivo, que pueden confundir más que aclarar. El eterno debate entre Estado y mercado sigue más candente que nunca y tan teñido con colores ideológicos en la mayoría de los economistas que si fuésemos médicos no quedaría mucho humano sano...

Vista esta incertidumbre, ¿qué depara 2014 para la mayoría de las empresas españolas? Pues cuando llegue lo sabremos, porque la horquilla es tan amplia en las previsiones que si nos fiamos de todas podría pasar cualquier cosa. Si nos fiamos de esa horquilla de previsiones, tendríamos que aplicar ese dicho popular que reza: “No aclares que oscurece”. Esto afecta enormemente a las empresas y condiciona su comportamiento. Ojo, no pensemos sólo en las cotizadas, las multinacionales, acordémonos también de las que generan la mayor parte del empleo, del PIB: las pequeñas y medianas empresas y las grandes, pero que son de capital familiar, es decir, acordémonos de las empresas que tienen claramente a una o varias personas detrás que se juegan su patrimonio cada día, que hipotecan su presente y su futuro (también el de sus hijos) tomando decisiones que afectan al empleo nacional y al PIB. Por desgracia, de esas empresas sólo se suelen preocupar sus propios dueños y sus empleados. El gobierno no se preocupa en exceso por ellas, ni ellas quieren que el gobierno se preocupe, sólo quieren que el gobierno mantenga un contexto razonable de mercado y que no se inmiscuya, sólo quieren tener unas reglas del juego claras y una mínima certeza, razonable dentro del riesgo. Esto es lo que no se da en España.

Las administraciones, hoy en día, se han convertido en un impedimento para el desarrollo económico de las empresas anónimas (digo esto por su mínimo asociacionismo y su poca capacidad de influencia en la política). Todos los empresarios sabemos que el riesgo es el mar en el que nadamos, no escucho a ningún empresario quejarse del riesgo, sólo lo valora y lo gestiona. Pero, piensen, si estas empresas anónimas operan en un país en el que el libre mercado, en general, es sólo una expresión hecha, donde la regulación cambia constantemente y depende de varias administraciones diferentes con concepciones diferentes del mercado, donde los costes energéticos son extremadamente altos, donde la flexibilidad laboral no existe, simplemente por la propia cultura del país, ¿cómo se puede dirigir una empresa así? Exportando, buscando mercados exteriores en los que no se den estas circunstancias y buscando la “afinidad electiva” con el mercado, es decir, con los agentes económicos, de los que, como hemos dicho, el gobierno suele tener un papel fundamental, haciendo o dejando hacer. Dadas las circunstancias parece, que aunque pueda recuperarse la economía española en 2014, las empresas españolas seguirán apostando por la internacionalización y por optimizar su negocio buscando mercados propicios, en los que haya más mercado y menos Estado, y sobre todo en los que haya mayor estabilidad y unas reglas del juego más claras, no donde el Estado nade y guarde la ropa sin apostar claramente por intervenir lo menos posible para que las empresas puedan desarrollarse en un entorno verdaderamente competitivo, es decir, las empresas, como los árboles, seguirán echando raíces donde encuentren agua (buenas condiciones) y si en España este agua económica es escasa, nuestras empresas crecerán en otra parte.

Javier Fuentes es director general del grupo Venta Proactiva

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