Editorial

Controlar el déficit y cambiar la financiación

La Generalitat de Cataluña ha puesto en marcha, haciendo uso de las competencias que le otorga la legislación, un sorteo extraordinerio para fin de año con dos propósitos nada ocultos: reforzar y estimular el espíritu nacionalista en plena campaña unilateral hacia una consulta soberanista de discutible legalidad, y recaudar cuanto dinero pueda, que fuena falta le hace a las arcas catalanas. Cataluña, como otro buen número de comunidades, tiene las cuentas muy desequilibradas y deberá reducir el saldo negativo contabilizado hasta ahora a menos de la mitad; y deberá hacerlo, como el Estado, a la contra de la coyuntura económica, absorbiendo el déficit que ya tiene y el que pueda añadir una más que segura reducción de los ingresos. Esa es la tarea del corto plazo, que solo será completada con un cambio en el sistema de financiación que permita a las regiones recuperar una respiración financiera autónoma, de la que hoy carecen.

Hoy dependen de la protección del Tesoro español y de los instrumentos creados para rescatarlas, fundamentalmente del Fondo de Liquidez Autonómica, que inyectó liquidez para abonar miles de millones de deudas atrasadas a los proveedores de bienes y servicios (sanidad, limpieza, construcción, etc.) y para cubrir los vencimientos de las emisiones colocadas en el mercado cuando todo iba bien. Sin tales instrumentos, buena parte de la estructura gubernamental terrotorial se hubiese derrumbado, con quiebras encadenadas ante la imposibilidad de refinanciar sus deudas crecientes, ya que los precios exigidos por el mercado en plena crisis de deuda soberana no eran asumibles. Además, la caída vertical de los ingresos tributarios tras la explosión de la burbuja inmobiliaria, de la que básicamente se nutrían, no ha posido ser sustituida por otros ingresos, y no ha sido posible cubrir unos gastos consolidados acordes a unos recursos que no volverán nunca.

La situación dista mucho de estar normalizada. Es verdad que unas cuantas comunidades han podido renunciar al recurso del FLA y han logrado colocar sus refinanciaciones a tipos no más de cien puntos básicos por encima de la barrera del Tesoro; pero no está normalizada. Sigue siendo la protección estatal el argumento fundamental para poder cubrir los pagos autonómicos en tiempo, así como el endurecimiento de la Ley de Estabilidad Financiera, que corrige todas las desviaciones del déficit con planes específicos a cada región. Todo ello ha posibilitado, además, que las primas de riesgo de las comunidades más dañadas se hayan recompuesto, como se ha recompuesto la estatal, a juzgar por los precios cruzados en el mercado secundario. Otra cosa bien distinta es salir al mercado a buscar dinero fresco si hubiese que hacerlo a pecho descubierto, sin la coraza del Tesoro nacional.

Ahora hay que aprovechar el margen otorgado por Bruselas para reducir el déficit fiscal y el favor del mercado para llevar los desequilibrios a unos estándares aceptables, dejando de lado las ensoñaciones políticas que lo entorpecen, por muy legítimas que sean como aspiración de una nacionalidad. Ya habrá tiempo después de acoplar los ingresos a las necesidades reales de cada región en un nuevo sistema de financiación, que debe ser precedido por una reforma fiscal integral con mayor suficiencia, seguramente con otras herramientas impositivas y otro reparto de las mismas, y una corresponsabilidad fiscal que hasta ahora ha sido solo un espejismo. Y que cada cual sea responsable efectivo de lo que ingresa y de lo que gasta.

Tal reforma fiscal, para cuyo arranque el Gobierno ha cpnsultados a los expertos, debe convertirse en un instrumento de consolidación de la incipiente recuperación de la economía, y ayudar a desterrar las ambiciones políticamente centrífugas que súbitamente han aflorado como efecto colateral de la recesión. En un tempo en el que los pueblos y los países tienden a integrarse, y en el que las instituciones europeas están dando pasos en muchos casos contra la pasajera opinión crítica de la ciudadanía, España tiene que hacer un esfuerzo de cohexión adicional. Tiene que hacerlo para que las sensibilidades y aspiraciones de todos tengan cabida con la misma comodidad que la han tenido hasta ahora, y que ha sido uno de los activos que más ha contribuido a que España se acerque a los niveles de calidad de vida y riqueza de Europa.

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