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La leche que llegó del pasto del norte

La leche que llegó del pasto del norte

Central Lechera Asturiana, fundada como cooperativa de ganaderos, vinculó su imagen a la calidad. El siguiente proyecto, salir al exterior

Lustrosas vacas en verdes prados de Asturias. Ganaderos de verdad ordeñando leche. Un discurso sobre sabor original y calidad. Estas son las claves del mensaje que Central Lechera Asturiana ha labrado a lo largo de los años y que se ha colado en los hogares. Razones que le han dado éxito y que le han llevado a convertirse en una de las marcas más reconocibles por los consumidores.

Central Lechera Asturiana nace en 1967 como un grupo sindical de colonización, una figura jurídica del franquismo, impulsada por Jesús Sáenz de Miera y Zapico en un momento de grandes dificultades para los ganaderos.

La cooperativa inaugura sus instalaciones en Granda, en el Principado, en 1970, con una inversión inicial de 260 millones de pesetas (1,56 millones de euros), dando empleo a 150 personas, y a la que se incorporan en régimen de socios más de 12.000 vaqueros. “El campo asturiano vivía momentos dramáticos, su único objetivo era conseguir que los ganaderos tuvieran unas condiciones de vida tan dignas como las de cualquier otro ciudadano”, explica un portavoz de esta sociedad. Sáenz de Miera preside la empresa hasta 2007.

El primer producto en surgir de sus plantas es la botella de plástico no retornable, en 1970. Al poco, llega la leche en polvo, necesaria para hacer frente a la estacionalidad de la producción y para producir derivados lácteos. La mantequilla, por ejemplo, se convierte en el primer derivado de la leche que sale de la cooperativa en los años setenta. Y ya en 1973 se pone en marcha la fabricación de yogures y postres lácteos.

Cronología

La leche que llegó del pasto del norte

1967. Nace el grupo sindical de colonización llamado Central Lechera Asturiana, que agrupa a ganaderos mutualistas del Principado.

1970. Comienza la producción. Se inaugura la factoría de Granda y se lanza la primera botella de plástico no retornable.

1972. Se pone en marcha la primera fábrica de piensos para abastecer las necesidades de los socios.

1974. Instalación de la red de frío en las ganaderías, uno de los mayores avances del campo asturiano. La leche deja de perderse y aumenta el volumen de producción.

1982. Central Lechera Asturiana se convierte en sociedad agraria de transformación.

1993. Relanzamiento de la imagen de marca con ‘spots’ protagonizados por los ganaderos en parajes idílicos de Asturias bajo el lema “en nombre de Central Lechera Asturiana, gracias por creer en nosotros”

1994. Constitución de Capsa (Corporación Alimentaria Peñasanta) con la incorporación de las marcas Larsa y ATO con el objetivo de crear el primer grupo lácteo español.

1999. Incorporación de Cajastur y Caja Rural de Asturias al accionariado.

2006. Nueva unidad de negocio Food Service para hostelería.

En esos primeros años, sus productos llegan a los consumidores a través de la distribución directa al hogar y en la pequeña tienda tradicional de toda la vida. En 1974 comienza la instalación de la red de frío en las ganaderías, “uno de los mayores avances del campo asturiano, la leche dejó de perderse y aumentó el volumen de producción”, comentan en la empresa.

En 1980 se lanza el primer brick aunque su producto más mítico, según reconocen en la empresa, llega con la botella clásica de 1,5 litros: “A día de hoy, además de ser el producto estrella más vendido, sigue siendo nuestro elemento diferenciador”.

En 1997 cambia de estatus jurídico y queda englobada en la Corporación Alimentaria Peñasanta (Capsa), con la absorción de la gallega Lacto Agrícola Rodríguez (Larsa) y la catalana Cebalsa ATO. Actualmente Capsa están controlada por Central Lechera Asturiana (56,4% de las acciones), la francesa Compagnie Laisiére Européenne (27%), Caja de Ahorros de Asturias (10,9%) y Caja Rural de Asturias (5%). Cuenta con 7.200 socios entre ganaderos en activo y ya retirados, 1.400 personas en plantilla y una facturación de 713 millones de euros en 2011.

Hasta la actualidad, Central Lechera Asturiana se ha centrado en el mercado español y portugués. “Sin embargo, hemos hecho una gran apuesta por la internacionalización de nuestros productos. Capsa ha puesto en marcha ya un ambicioso plan para salir al mercado internacional de forma inminente e introducir nuestros productos en Latinoamérica, Asia y África. El objetivo de la compañía es lograr en un período de cinco años que las exportaciones generen entre el 20 y el 30% de las ventas totales del grupo”, asegura el portavoz.

Posee centros de producción en Granda para la leche UHT, batidos, nata, mantequilla, leche en polvo y yogur; en Cueva del Molín (Cabrales, Asturias) para el queso cabrales; Outeiro do Rei (Lugo, Galicia) también destinada a leche UHT, productos en polvo y mantequilla industrial; Villargarcía de Arousa (Pontevedra) para yogur y quesos naturales; Zarzalejo (Madrid) para leche UHT, nata y batidos; y en Vidrieres (Gerona) y Menorca para leche UHT.

“Nuestros productos son especiales por muchos motivos. Básicamente el primero y fundamental son nuestros pastos en el norte de España, los mejores por excelencia”, señalan desde la empresa. “Garantizamos nuestra leche desde el origen, pues la recogemos diariamente a nuestros socios ganaderos del noroeste de España, que mantienen un estricto cuidado del ganado y están asesorados por expertos veterinarios”, añaden. En su primera campaña publicitaria de los años noventa, con el lema “garantía de origen, garantía de calidad”, y protagonizada por los propios ganaderos, conseguía trasladar esa imagen a los consumidores, que aún perdura.

De la leche de toda la vida al proyecto Apolo

En el comienzo de Central Lechera Asturiana, los consumidores disfrutaban de nuevos envases para su leche pasteurizada. Pero más de 40 años después, los gustos y demandas de los consumidores han variado mucho. Aunque la leche entera siga siendo predominante deja paso a desnatadas y “los yogures y leches enriquecidas con vitaminas y calcio son los que experimentan mayores tasas de crecimiento”, cuentan en la firma.

“En la sociedad en la que vivimos, en la que apenas tenemos tiempo para nada, los alimentos enriquecidos con vitaminas o con fibra se convierten en productos estrella. La demanda de los productos funcionales cada vez es más alta y, por tanto, la oferta debe adaptarse a las necesidades de estos consumidores”, explican. “En nuestro caso, la apuesta ha sido el Proyecto Apolo, compuesto por Jalea Vital, una leche con jalea real que nos aporta las vitaminas y minerales que necesitamos en el día a día; Naturcol con fitoesteroles, que ayuda a mantener o reducir los niveles de colesterol en sangre; fibra, que favorece el tránsito intestinal; fibra 0% materia grasa; y sin lactosa, idónea para las personas intolerantes a la lactosa”, añaden. Además, dentro del proceso de innovación, la marca está en pleno lanzamiento de la nueva gama 0%, 1% y 2% de materia grasa, “un nuevo concepto y una nueva generación de leches”, más ligeras que las tradicionales entera, semidesnatada y desnatada. También han presentado como novedad un formato de 1,2 litros, para ajustarse mejor a las demandas del consumidor.

Cuentan con otras versiones como Calcio+ y Proceliac, además de Alpro leche de almendras y Alpro bebida de avena. La cartera de productos se completa con batidos, natas, salsas para cocinar, mantequillas, yogures, postres lácteos y helados, además de la línea de negocio Food Service para hostelería, desde el año 2006.

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