Editorial

Llega el vuelco a las cuentas empresariales

El balance de los resultados empresariales del primer semestre de este año revela que los negocios han caminado paralelos a la economía, como tiene que ser, y que anticipan también un cambio de ciclo. Tiene, eso sí, más consistencia el citado punto de inflexión en los números de las grandes compañías cotizadas que en la Contabilidad Nacional, dado que una muy buena parte de sus negocios están radicados en otros mercados que están funcionando mejor que el español, todavía recesivo. Pero todo apunta a un cierre de ejercicio que consolide explícitamente el cambio de tendencia, con unos números negros que duplicarán sobradamente los de 2012 y estarán cercanos a los 35.000 millones de euros para las empresas del Ibex 35, unos mil millones por empresa de media; se situarán por encima de la buena cosecha de 2005, aunque seguirán lejos de los volumenes marcados en 2007.

En los seis primeros meses del año las empresas han repetido sus resultados respecto al mismo semestre de 2012, con una pequeña caída. Pero un análisis de los números por dentro deja claro que son más consistentes ahora que entonces, y que un simple cambio de expectativas en el mercado nacional puede introducir un efecto multiplicador sobre el beneficio muy elevado. Pese a que la demanda interna sigue cayendo, y que se refleja en un descenso de los ingresos de las empresas grandes del 4,5% interanual en el semestre, el consenso de los analistas comienza a revisar al alza las previsiones de las compñaías; hay que recordar que hace solo unos meses aún mantenían estimaciones contractivas en la gran mayoría de los sectores. Y la prueba más evidente de este giro en los resultados es la fuerte subida de la Bolsa en las dos últimas semanas, cuando se han ido conociendo con goteo los desempeños de cada cotizada. A fin de cuentas, el mejor anclaje de las cotizaciones son los resultados.

El cambio de tendencia está avalado, además, por unos fundamentales más saneados que los que las empresas exhibían hace un año, cuando muchas sociedades apenas habían comenzado a sentir, o al menos a reconocer, el efecto de la crisis de consumo e inversión en sus números. Los gestores han seguido reduciendo los niveles de endeudamiento (ha descendido un 10% en un año), han ajustado sus costes (las plantillas han caído un 13%), y han entrado en políticas de precios agresivas para captar nueva clientela, sobre todo en empresas de servicios. Han seguido reduciendo sus balances, y han logrado mantener el nivel de ganancias.

Pese a los buenos resultados esperados, el horizonte no está plenamente despejado. Amén de los problemas de financiación existentes para las empresas y para la clientela de las mismas, algunos sectores tienen obstáculos que salvar aún. Mientras que la banca ha hecho progresos muy notables, con unos esfuerzos de sobreprovisión regulatorios del ejercicio pasado que redujeron artificialmente sus ganancias entonces, el sector energético mantiene algunas incertidumbres por los cambios regulatorios. Aunque se han despejado algunas que reducirán los ingresos de las grandes compañías eléctricas, persisten dudas sobre las cuantificaciones de las primas en algunas modalidades de generación, que mantienen un impasse en las valoraciones de los analistas para el medio y largo plazo. Además, están pendientes de resolución unas cuantas demandas que las empresas han anunciado contra Industria, por entender que se ha vulnerado la seguridad jurídica.

Solo cuando todas esas dudas se tornen en certezas y se hayan despejado las que planean sobre la financiación, los inversores, tanto los nativos como los externos, estarán en disposición de tomar decisiones de largo plazo en un sector con mucha participación de minoritarios y que tradicionalmente ha compensado con buenos dividendos la fidelidad del capital.

En tanto tal cosa ocurre, y en tanto se recompone lentamente la demanda interna, que solo lo podrá hacer cuando se consolide el avance del empleo, las empresas que cotizan en el Ibex tienen buenos argumentos para seducir en sus negocios en el exterior, en muchos de los cuales son líderes mundiales. Dado que la actividad tras la crisis financiera se ha recuperado antes fuera que en España, es la mejor oportunidad para mantener una participación en los beneficios que generan esos negocios.

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