El Foco

Aprender a crecer

Realmente, el crecimiento no soluciona todos los problemas. Pero, sin duda, permite pensar de forma ordenada en su solución. Es lo que estamos viendo en los mercados en estos momentos, dominados por la combinación de expectativas de mejora económica y con el colchón implícito que suponen los bancos centrales. Pero, ¿y si realmente no estamos asistiendo a una recuperación económica sostenible? Lamentablemente, no es la primera vez que ocurre en esta crisis que ya se prolonga desde hace casi seis años.

No, no voy a hablar de los mercados. Tampoco me voy a referir a la economía norteamericana, aunque admito que no comparto la desconfianza que parece mostrar la Fed hacia la solidez de la mejora del mercado de trabajo. Pero, sin duda, cuentan con más información que yo. Tampoco me voy a referir a las dudas que todos sentimos hacia la evolución económica de las economías emergentes. Su crecimiento ha llegado a explicar en el pasado reciente casi el 60% del crecimiento mundial, lo que obliga a ser cauteloso (preocupado más bien) ante las señales actuales de moderación.

¿Un ajuste temporal unido a su cambio de modelo de crecimiento? Por el momento, un crecimiento más moderado. Pero es, sigue siendo, Europa la que más debe inquietarnos. Poco a poco, el objetivo de volver a crecer se abre paso entre los problemas institucionales del euro y la obligación de seguir con los ajustes fiscales/estructurales. Los primeros, imprescindibles para continuar con la integración europea; los segundos, obligados para hacerla sostenible social y políticamente en el tiempo. Todo esto está muy bien. Pero puede convertirse en un camino embarrado si no mejora el ritmo de crecimiento a corto plazo.

El crecimiento no soluciona todos los problemas pero permite pensar de forma ordenada en su solución

¿Es Alemania el modelo a seguir? He leído mucho sobre el modelo alemán de crecimiento, aunque la realidad al final es que no es tal. Mejor, la combinación de un conjunto de valores envidiables. De hecho, una economía orientada a medio y largo plazo apoyada en buena educación (sistema dual con formación profesional realista), emprendedora y donde la cultura del esfuerzo es algo más que una frase hecha. Realmente, la economía alemana estaba preparada para la crisis actual, lo que explica que su tasa de desempleo haya seguido reduciéndose y que sus autoridades hayan compatibilizado la reducción de la deuda con un crecimiento cercano al potencial.

Desconfío, y mucho, de la visión negativa que muchos economistas tienen sobre el impacto negativo de la apreciación actual del euro: es cierto que el peso del sector exterior es superior al 50% del producto y que su principal competidor, en términos de producto, es Japón con una moneda en caída libre. Pero también lo es que las exportaciones alemanas han demostrado que se apoyan más en la diferenciación del producto, su calidad y especialización, que en la variable precio. El resto, el creciente peso en las economías emergentes (más del 15% del total de exportaciones), también es un factor positivo. Aunque todo tiene un límite, no creo que estén especialmente preocupadas por la subida de la moneda europea. El resto sí deberíamos estarlo.

El elevado peso exportador alemán no es tanto una norma como una excepción en los países desarrollados. Y es muy complicado replicar la excepcionalidad. En realidad, la empresa alemana encontró su nicho de desarrollo con unas condiciones económicas internas complicadas (hablo de la crisis de 2002) y bajo un encuadre de ambiciosas reformas estructurales (también fiscales) emprendidas por el Gobierno alemán de entonces. Es cierto que en el fondo no tan diferentes, aunque sea nominalmente, a las propias reformas que ahora implementan los países de la periferia con problemas. El nuestro es un buen ejemplo, lo que ha llevado a algunos economistas a hablar de la economía española como la futura Alemania. Pero el crecimiento no acaba de llegar. ¿Por qué en aquel momento tuvieron éxito frente a una recuperación que sigue siendo ahora tan lejana en nuestro país? Podría responder que la elevada deuda actual, privada y pública, dificulta la recuperación de la demanda. También podríamos hablar del difícil contexto internacional, con crisis reales o amago de crisis alrededor nuestro. Los problemas de financiación, sin duda relevantes, que convierten en un reto difícil de emprender cualquier proyecto empresarial. La propia crisis del euro, con tantas ramificaciones como países hay con problemas. Sí, podríamos justificarlo con todas estas diferencias. Pero no estoy del todo seguro que fuéramos sinceros. ¿Qué resta? Revisen la primera parte del párrafo anterior: estructuras productivas orientadas a largo plazo, educación enfocada con un claro sentido práctico y un factor cultural (e institucional) difícil de improvisar. Me temo que el nicho alemán ya está cubierto. Busquemos ahora el nuestro.

Es importante seguir firme con las reformas emprendidas y aprovechar la relativa calma 

Es importante seguir firme con las reformas emprendidas. Aprovechar la relativa calma de los mercados para intentar recuperar la confianza perdida, también institucional, poniendo una barrera ante futuros nuevos conatos de inestabilidad en el área. Que los habrá. También lo es acelerar los ajustes internos, de precios y cantidad. La vivienda, por ejemplo. Asumir de forma realista el camino para reducir la deuda privada y pública a medio plazo. Y necesitamos tiempo para llevar a cabo todo esto, más allá de un mayor protagonismo del BCE. Me refiero a la propia integración europea, pasando a corto plazo porque sea la propia Alemania la que asuma su liderazgo. También como motor de crecimiento del área. Habrá que convencer a sus autoridades para ello: no con palabras como solidaridad o mutualización. Más bien, con hechos que realmente muestren que el camino de las reformas y ajustes no tiene vuelta atrás. La propia economía alemana es el ejemplo, no el modelo.

José Luis Martínez Campuzano es estratega de Citi en España

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