Hipótesis sobre las causas del accidente en Santiago
Familiares de víctimas del tren accidentado en Santiago Ver fotogalería
Familiares de víctimas del tren accidentado en Santiago

Todo apunta al fallo humano

La noche más larga en Santiago de Compostela dio paso al día más triste, ya que la luz dejó al descubierto toda la magnitud del terrible accidente ferroviario que sacudió la noche del miércoles la capital gallega. Basta con ver el vídeo obtenido de las cámaras de seguridad de las vías, que comenzó a circular a media mañana por las redes sociales y las principales web del país, y las fotos de la tragedia para comprender el estado en el que quedaron los vagones y el elevado número de víctimas.

El último parte oficial cifró en 80 los fallecidos y 168 los heridos, aunque por la tarde el vicepresidente de la Xunta, Alfonso Rueda, explicó que de esa cifra total de heridos 94 personas continuaban ingresadas en centros hospitalarios, de los cuales 31 eran adultos que se encontraban en estado crítico y cuatro niños en esa misma condición. La consejera de Sanidad, Rocío Mosquera, indicó que todos los heridos habían sido identificados, y sus familias habían sido ya avisadas, por lo que se encontraban con ellos en la mayoría de los casos.

Rueda también aclaró que tras las autopsias practicadas se han confirmado 67 identificaciones y confió en poder finalizar el resto de identificaciones en poco tiempo, sin que sean necesarias tareas complementarias, como pruebas de ADN. El vicepresidente de la Xunta señaló que la prioridad en estos momentos sigue siendo la atención a las víctimas en el siniestro, así como a sus familias.

Rueda expresó el agradecimiento de la Xunta por todas las muestras de apoyo recibidas y también “un agradecimiento y reconocimiento enorme” a todos los que ayudaron desde el momento del accidente, desde los cuerpos y fuerzas de seguridad, voluntarios de protección civil, bomberos y servicios de emergencias, hasta los vecinos de la zona.

Pero más allá del dolor con que todos los afectados despertaron de la pesadilla, la pregunta que se repitió una y otra vez ayer es qué pudo ocurrir. Se trata del accidente ferroviario más grave de España en los últimos 40 años y el primero que ocurre en vías de alta velocidad. Los comentarios que al parecer hizo uno de los maquinistas del tren Alvia a través de la radio con la que se comunica con la estación, no dejan lugar a dudas de que la velocidad ala que circulaba el convoy no era la adecuada en el tramo donde finalmente ocurrió el siniestro. “¡Somos humanos! ¡Somos humanos!”, repetía. “Espero que no haya muertos porque caerán sobre mi conciencia”. El conductor había indicado que iba muy rápido, a 190 kilómetros por hora; después habló de 200. Finalmente, al entrar en la curva, volvió a decir: “¡Voy a 190!”, según explicaron fuentes de la investigación.

Tres días de luto oficial

Las señales ferroviarias de la zona del siniestro no permiten sobrepasar los 80 kilómetros por hora, pero el conductor no precisó por qué el tren circulaba a más del doble de esa velocidad. Si se trató de un fallo técnico, de un fallo humano o incluso de negligencia por parte del maquinista es algo que tendrán aún que determinar las dos investigaciones que se han abierto en paralelo, la judicial y la puesta en marcha por Renfe y Adif.

Pero, a tenor de lo expuesto por el conductor, el tren, que venía de circular a una gran velocidad –superando los 200 kilómetros por hora–, no frenó lo suficiente y duplicó la velocidad permitida en una curva muy complicada y muy cerrada. Fue justo en ese lugar y en ese momento cuando el tren acabó descarrilando y provocando decenas de muertos. Desde luego nada ayuda el hecho de que circularan ayer los comentarios que había hecho el maquinista Francisco José Garzón Amo en Facebook un año antes. Al parecer, en marzo de 2012 publicó una foto en su cuenta de dicha red social en la que presumía de haber alcanzado los 200 kilómetros por hora. En la foto puede apreciarse un velocímetro cuya aguja apunta precisamente a los 200 kilómetros por hora. En los comentarios que acompañan la instantánea, el propio Garzón Amo confirma la velocidad y asegura que “el velocímetro no está trucado”.

“Estoy en el límite, no puedo correr más, si no me multan”, señala en otro de los comentarios. “Como te pille la Guardia Civil te quedas sin puntos je, je”, le advierte uno de sus contactos, a lo que el maquinista responde, en mayúsculas: “Qué gozada sería ir en paralelo con la Guardia Civil y pasarles haciendo saltar el radar, je, je. Menuda multa para Renfe, je, je”. El Juzgado de Instrucción número 3 de Santiago ordenó que la policía judicial tomara declaración como imputado al maquinista, que ayer permanecía ingresado en el Hospital de Santiago.

El sindicato de maquinistas Semaf pidió precaución a la hora de realizar valoraciones e instó a esperar a que concluya la investigación para conocer qué fue lo que realmente pasó. Otras fuentes del gremio de los maquinistas comentaron que si el tramo donde ocurrió el descarrilamiento hubiese contado con el sistema de seguridad que tienen otros trayectos de alta velocidad, quizás el siniestro podría haberse evitado.

Por su parte, fuentes de Adif confirmaron que la infraestructura en el punto en el que se produjo el accidente estaba “perfectamente respecto a la señalización” y “en su funcionamiento” y “con todas las revisiones al día”.

Entretanto, fueron muchas las muestras de apoyo e incesante la llegada de autoridades hasta el lugar del suceso para comprobar in situ el estado de los trabajos y confortar a los familiares de las víctimas. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, viajó a Santiago a primera hora de la mañana, recorrió la zona del siniestro y visitó a los heridos en el hospital acompañado de la ministra de Fomento, Ana Pastor, y el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo. Después, compareció ante los medios de comunicación visiblemente afectado. “Para un santiagués como yo, créanme que este es el Día del Apóstol más triste de mi vida”, confesó Rajoy, que nació en la capital gallega, en alusión a la celebración del 25 de julio, cuyos actos festivos fueron cancelados en su totalidad. De hecho, el Gobierno decretó tres días de luto oficial por la tragedia, por lo que numerosos actos organizados en todo el país por empresas privadas también fueron cancelados.

Por la tarde, fueron los Reyes quienes acudieron al hospital compostelano en el que se encuentran ingresados la mayoría de los heridos para mostrarles su apoyo y condolencias. Del extranjero también se sucedieron las muestras de dolor y apoyo de todos los principales mandatarios del mundo.

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