Editorial

Europa debe ser firme con Google

Bruselas mostró ayer su firmeza en el marco del conflicto que mantiene con Google por razones de competencia. El buscador presentó hace dos semanas una propuesta a la Comisión Europea para evitar ser sancionado por abuso de posición dominante, pero su oferta no ha convencido a Bruselas, que parece decidida a impedir que el gigante de internet imponga su ley en Europa. Tras varios meses de tira y afloja entre ambas partes, la CE ha exigido a Google que cambie sus planteamientos o se atenga a las consecuencias. Unas consecuencias que podrían materializarse en una sanción de hasta 4.000 millones de euros.

 “Se trata de una propuesta insuficiente”, sentenciaba ayer Joaquín Almunia, comisario de Competencia, en referencia a la propuesta de cambios presentada por el buscador. Google, que controla más del 90% del mercado de buscadores en Europa, se ofreció a identificar de forma clara los resultados ligados a sus propios servicios o de sus anunciantes, así como a permitir que las empresas pudiesen retirar sus contenidos de los servicios de búsqueda especializada. En el caso de los periódicos, planteó la posibilidad de que estos pudiesen controlar página a página la aparición de sus informaciones en Google News, la web especializada en noticias. Todas esas propuestas, que han sido sometidas a un periodo de consulta que concluyó el 27 de junio, conforman la oferta que Competencia rechazó ayer por insuficiente.

Los competidores de Google se han felicitado por la firmeza de Bruselas ante las presiones del gigante de internet. Como recordaban hace solo unas semanas, si la Comisión Europea hubiese cedido frente a las pretensiones de la multinacional, ello habría supuesto un grave perjuicio para el desarrollo del mercado de internet en Europa. A esa circunstancia habría habido que sumar el fuerte desprestigio que esa debilidad institucional y política hubiese supuesto para la gobernanza europea.

A estas alturas del conflicto, Google no puede quejarse de la paciencia con que Bruselas ha llevado adelante el proceso, en un intento –lógico intento– de resolver la situación de forma amistosa y cerrar la controversia sin necesidad de sanción. Esa actitud por parte de las instituciones comunitarias debería haber tenido como contraprestación una actitud igualmente colaboradora por parte de la multinacional. Y ello exige aprovechar la nueva oportunidad que tiene para cumplir con las exigencias de respeto al libre mercado que contempla la legislación europea. Bruselas no puede ni debe hacer otra cosa que lo que está haciendo: exigir que todos los operadores se sometan a la ley. Ahora le toca a Google decidir qué estrategia tiene que adoptar si desea continuar prestando sus servicios en Europa.

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