Editorial

Competencia sana en las ITV

En España hay tantas estaciones de inspección técnica de vehículos (ITV) como días tiene el año, que operan en un mercado cautivo (la autorización de la inspección técnica es tan obligatoria como el permiso de circulación para un automovilista), pero cuyo cometido es pautable técnicamente; un negocio protegido, en definitiva, que genera la nada despreciable cifra de 500 millones de euros. La concesión está en manos de las comunidades, pero la regulación sigue en poder de Industria, que ha tenido a bien introducir mayor competencia en esta actividad. En concreto, quiere que los concesionarios automovilísticos puedan dispensar también el servicio de la inspección de vehículos, siempre que habiliten sus instalaciones y que la comunidad autónoma así lo reconozca.

La decisión, aún en fase de discusión en sus detalles, debe ser valorada por el grado de competencia que introduce, que siempre se traduce en una bajada en el precio del servicio, que ahora tiene una exagerada horquilla de diferencia entre concesiones y entre regiones. Será, además, un pequeño alivio económico para un sector que ha encajado una fuerte caída de actividad, pero que debe ejercer con absoluta profesionalidad para despejar las dudas sobre la independencia de los concesiona

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