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No existen los estímulos seguros

Los banqueros centrales casi nunca ven las burbujas hasta que es demasiado tarde. Así que por mucho que la impresión de dinero parece elevar hoy en día los precios de los activos, los políticos juzgarán que los precios en los mercados están más o menos correctamente ajustados. David Miles, miembro del comité de política monetaria del Banco de Inglaterra, cree que puede demostrarlo.

Las pruebas de Miles son los precios de las acciones y la vivienda en Reino Unido, ajustados por la inflación, que se encuentran aún un 20% por debajo del máximo de 2007. Los bonos empresariales británicos parecen baratos y la baja rentabilidad de la deuda soberana a largo plazo refleja las expectativas de años con una política con bajos tipos de interés.

Si los programas de estímulo no están evitando las burbujas en el mundo de Miles, entonces se queda con sus beneficios –los altos precios de los activos hacen que la gente gaste más de lo que gastaría de otra manera.

El optimismo lleva a Miles a confiar en que la flexibilización cuantitativa se pueda retirar fácilmente

El optimismo es impresionante –confía en que la flexibilización cuantitativa se puede revertir fácilmente. Pero la defensa se reduce a decir que el mundo financiero no está tan distorsionado como antes de la crisis, que no es decir mucho. Hay distorsiones más que suficientes para preocuparse. Por ejemplo, sin dinero fácil, el precio del petróleo sería probablemente un 30 o un 40% menor.

Como para cualquier impulso al gasto, Miles no puede ser desvirtuado –no hay ninguna economía libre de estímulos para realizar la comparación. Con un desempleo todavía elevado y la inversión empresarial y el gasto de los consumidores aún débil, los beneficios económicos de la flexibilización cuantitativa parecen pobres.

Miles no proporciona respuestas a los cargos más graves contra la impresión de dinero y el resto de la ortodoxia en política monetaria de hoy día –que desalientan a los ahorradores, reducen la disciplina de mercado de los gobiernos, falsifican los mercados de bonos soberanos, distorsionan las tasas de cambio y crean balances artificiales en las entidades financieras. Aunque puede ser la alternativa menos mala para reequilibrar la economía y puede estar evitando pequeñas burbujas. Pero incluso la espuma puede ser peligrosa.

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