Editorial

Buenas expectativas para el turismo

Tras un flojo comienzo de año, con dos meses de caída en número de visitantes extranjeros, el sector turístico español vuelve a cobrar fuerza. Entre enero y mayo, nuestro país recibió casi 20 millones de turistas internacionales, lo que supone un 3,9% más que lo registrado en el mismo periodo del año anterior y, lo que es más importante, la cifra más elevada desde que estalló la crisis económica. Las claves de ese repunte son fundamentalmente dos: la recuperación de los tres grandes focos de visitantes foráneos –Reino Unido, Alemania y Francia– y el empuje de países turísticamente emergentes, como los nórdicos y Rusia. A ese crecimiento internacional hay que sumar el del mercado doméstico, que comienza a emitir pequeños, pero esperanzadores signos de mejora. El pasado mes de mayo, el turismo nacional experimentó el primer incremento en dos años –fuera de la época de Semana Santa– en número de pernoctaciones, un 4,3% más. La suma de ambos registros, nacional e internacional, arroja un saldo record para el mes de mayo en toda la serie histórica desde 1999: 26,3 millones de pernoctaciones. Ese buen comportamiento augura una sólida temporada alta, lo que constituye una excelente noticia para el sector, pero también para el conjunto de la economía española. El turismo, junto a las exportaciones, se ha convertido en un motor fundamental para hacer frente a la difícil coyuntura que está viviendo España. Un motor que resulta vital atender y alimentar, más aún cuando los beneficios para la industria derivados de los conflictos sociales y políticos registrados en el norte de África y, ahora, también en Turquía, no durarán siempre.

 Las asignaturas pendientes que arrastra el sector son sobradamente conocidas. La mejora de instalaciones, la supervisión inteligente y estratégica de las políticas de precios y la elevación cualitativa de la oferta son los grandes objetivos de una reconversión que lleva demasiado tiempo aplazándose y que debería abordarse de un modo meditado y bien planificado. No hay duda de que corresponde al propio sector llevar la voz cantante del proceso, lo cual exigirá grandes dosis de visión de futuro y ambición. Pero también hay que apuntar la necesidad de que se respalde en lo posible desde instituciones y poderes públicos una industria que en este momento supone un verdadero pulmón para nuestro país.

Más allá del deber de sortear las dificultades presentes, la industria turística española debe preparase también para afrontar una batalla decisiva en materia de competencia. No en vano la seria y pujante carrera de los mercados low cost supone una amenaza añadida a la de una crisis económica que hasta el momento el sector ha conseguido sortear.

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