Tribuna

Vladimir Putin da la cara por Ekaterimburgo

En el momento en que la mayoría del mundo emerge, ¿cuál es el papel de Europa en el mundo del mañana? Tecnología es lo que esperamos. Social, hay que confiar. La cuestión es que siga siendo innovadora, creativa y… abierta, porque, al fin y al cabo, esa es su historia desde los grandes descubrimientos. Historia que se repite hasta las migraciones económicas del siglo XX. Pero, ¿Europa es consciente de ello? En todo caso, ¿difunde ese mensaje como debe? ¿Incluso ante sus socios más cercanos?

En la cumbre UE-Rusia, que acaba de tener lugar en la ciudad de Ekaterimburgo, Vladimir Putin destacó sus planes para una nueva Rusia con la presentación de un proyecto que pretende acoger la Exposición Universal de 2020 en dicha ciudad. Es una ciudad desconocida en Europa. Sin embargo, es una ciudad simbólica, ubicada en la frontera entre Europa y Asia. El proyecto Ekaterinburg 2020 pretende renovar los valores europeos de universalismo y apertura de una manera moderna. Se propone entrar en la tercera globalización, la de la interdependencia.

La presidencia rusa del G-20 mostró una Rusia que quiere mostrarse a sí misma más moderna, eje entre Europa y Asia, de regreso en el mundo de la globalización. Su ubicación geográfica le permitió tener un papel importante en el diálogo entre Asia y Europa, en noviembre de 2012. Además, actuó como guía en la organización del foro Europe+Asia Event, en San Petersburgo, en el mes de enero pasado, y en el evento, ahora periódico, de innovaciones industriales Innoprom, que reúne a participantes de más de 50 países en el mes de julio, en Ekaterimburgo.

España demostró que una exposición universal puede innovar y ser moderna

La ciudad de Boris Yeltsin, situada a unos 1.800 kilómetros al este de Moscú, en la región de Sverdlovsk, dispone de una zona económica especial al borde de los montes Urales. Con industrias pesadas y ligeras, de máquinas herramientas, industria del automóvil, química para el sector industrial, con soluciones energéticas, nanotecnologías y con exportaciones hacia más de 100 países, la zona dispone del tejido industrial más variado de Rusia. Ekaterimburgo y la provincia de Sverdlovsk pretenden capitalizar estas fortalezas, con una candidatura fuertemente orientada hacia el futuro, en torno a un proyecto original, que declara que “la contracción del espacio y del tiempo, intrínseca a la globalización, proviene de una base tecnológica (…), no del sistema financiero global”. Implícitamente reconoce el modelo actual y, sin embargo, presenta visiones sobre la globalización de los países emergentes y de las protestas intraoccidentales.

En la práctica, a partir de la noción de Global Mind, se trata de proponer una Exposición 2020 enfocada en las interdependencias nacidas de la globalización, es decir, con una especial atención a la “perspectiva específica de los grupos sociales y los Estados afectados directamente por estos grupos”. Sin embargo, para pasar de la teoría a la práctica, los organizadores de la candidatura tendrán que pensar mucho. Lograr tratar estos temas a través de pabellones nacionales en una exposición universal resulta un reto ambicioso.

La pregunta es si una exposición universal es, hoy en día, la mejor herramienta para estas ideas de renovación. Ha quedado demostrado en ediciones pasadas que se trata de un gran medio para comunicar. Dentro de la UE, España es un buen ejemplo de país que demostró que una exposición universal puede innovar, ser moderna y estar en contacto con un mundo abierto. La experiencia que tuvo Sevilla hace unos 20 años dio paso a una nueva era, después de muchos años de exposiciones mínimas. Este renacimiento fue seguido por numerosas ferias multinacionalistas, como la de Shanghái.

Queda por demostrar la credibilidad del proyecto. Para ello, la ciudad candidata destaca tres iniciativas: un observatorio de los cambios, una plataforma para la innovación y la celebración del multiculturalismo. En cuanto a los dos primeros temas, el equipo insiste en el papel de la microelectrónica y la nanotecnología para el establecimiento de la tercera revolución, materias que están bien ancladas en el tejido local. En cuanto al multiculturalismo, Ekaterimburgo 2020 desea “dar una voz a las comunidades en peligro de extinción.”

El hecho de querer mirar de frente las contradicciones de la globalización es ya una contribución útil, puede permitir modernizar el ejercicio del género exposiciones de tipo universal. En cualquier caso, en la cumbre, las delegaciones de la UE se mostraron satisfechas por el voluntarismo y la visión de una Rusia “abierta” con el legado de la historia europea y lo mejor de los valores de Asia.

Joël Ruet es economista de CNRS (Francia) y socio de IDDRI-Sciences-Po

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