Editorial

Un mercado de crédito que alimente a la pyme

La larga travesía a través del desierto que España está sufriendo en materia crediticia se ha convertido en el primer obstáculo para que nuestra economía pueda sentar las bases de la recuperación. Al igual que los tejidos se necrosan cuando no existe riego sanguíneo, el tapiz que componen las miles de pequeñas y medianas empresas españolas está acusando de forma evidente la sequía de financiación. Como en la mayoría de los problemas complejos, también en este confluyen varios factores. Por un lado, la estricta política crediticia a la que se ha sometido nuestro sistema financiero con el objetivo de apurar su proceso de saneamiento y recapitalización. Por otro, la precaria situación financiera de un tejido empresarial que ha sido golpeado duramente por la crisis y cuyas necesidades chocan frontalmente con los exigentes filtros de riesgo que deben aplicar las entidades. La suma de ambas circunstancias se ha convertido en una verdadera soga que ahoga el flujo del crédito en España. Un flujo que no solo es necesario, sino absolutamente imprescindible para alimentar el crecimiento.

Pese a lo anterior, y sin que sea posible de momento aventurar conclusiones definitivas, el mercado de crédito comienza a avistar ciertas señales de mejora. Una vez apuradas las grandes líneas de la reestructuración del sistema financiero, algunas entidades han comenzado a abrir poco a poco la mano en materia de crédito, un extremo que se puede constatar en las recientes ofertas comerciales que algunas de ellas dirigen a las pymes. Ello no supone más que un comienzo, demasiado débil todavía para poder bombear gasolina suficiente a una economía en horas bajas, pero sí apunta a que algo comienza a moverse en el mercado de crédito español. Como indica también que las grandes placas de hielo que limitan el flujo del crédito comienzan a mostrar pequeñas pero esperanzadoras grietas.

Entre los datos de financiación a las pymes de que es posible disponer de momento, destaca la estadística del Banco de España sobre nuevas operaciones societarias no financieras por importe menor a un millón de euros, que registró un ligero avance mensual en el mes de abril, del 5,2%. Otros datos apuntan a que menos de un 30% de las pymes se atreven en estos momentos a solicitar crédito, pero de ellas, un 65% ve atendida su solicitud. Además de las herramientas que gobiernos y organismos públicos –es el caso del Banco Central Europeo (BCE), por ejemplo– podrían utilizar para ayudar a reanimar y capilarizar el crédito, a nadie debería escapársele el hecho de que el sector privado tiene que ser el protagonista de este proceso.

Por un lado, corresponde al tejido empresarial hacer lo imposible por aprovechar las oportunidades de financiación que comienzan a llegar el mercado. Ello exige una dosis extra de seriedad y de buen hacer por parte de empresarios y autónomos, que ahora más que nunca tienen que poder acreditar no solo un plan de negocio en condiciones, sino también una sólida experiencia en materia de gestión.

Más allá de la obligación de racionalizar y medir el nivel de riesgo en su política comercial, también las entidades financieras tienen deberes que hacer en el proceso de reapertura del mercado de crédito. En España existe un tejido empresarial serio y capaz de sacar adelante proyectos; un tejido que necesita capital para poder materializar sus ideas en forma de nuevos negocios. Ese perfil de emprendedor constituye una apuesta de futuro no solo para el sector financiero, sino especialmente para el conjunto de la economía nacional. España ha pagado una grave y amplia factura por los errores del pasado –entre otros, la laxitud en materia de concesión de créditos que primó en los años de la burbuja inmobiliaria–, pero podría pagar una todavía más grave si no consigue sentar las bases del crecimiento económico. Estas primeras señales de apertura en el acceso a la financiación no deben constituir mejoras aisladas, sino que tienen que convertirse en las primicias de una apertura sostenida y con la mirada puesta en el futuro, en la vuelta ala senda del crecimiento .

Normas