Los rastrillos se cuelan en la ruta de los turistas

En Europa, tras el museo, al Rastro

Además de gangas y curiosidades, los mercadillos ofrecen una forma diferente de acercarse a los sabores, sonidos y costumbres de Europa

Al aire libre y con precios atractivos, los rastrillos se cuelan en la ruta de los turistas

Desde mercados de pulgas, a lujo a precio de saldo

Mercado de las flores de Niza.
Mercado de las flores de Niza.

Entre los muchos atractivos que han hecho de París una de las ciudades del mundo más visitadas está su marché aux puces o mercadillo de las pulgas. El más grande es el de Saint Ouen –sábados, domingos y lunes–, donde se puede comprar prácticamente cualquier cosa: desde porcelana o instrumentos musicales hasta uniformes militares de la Primera Guerra Mundial.

Destaca también el Saxe-Breteuil, junto a la Torre Eiffel, que además de ropa, cosméticos o muebles tiene la comida como principal atracción. Tampoco hay que perderse el mercado cubierto de alimentación más antiguo de París, el de Les Enfants Rouges, que recibió su nombre de un hospicio para huérfanos en el que niños y niñas iban vestidos con un uniforme de color rojo.

Entre las citas anuales –en este caso el primer fin de semana de septiembre– hay que resaltar La Braderie de Lille, un rastro de dimensiones gigantescas que se remonta al siglo XII y que reúne a 10.000 expositores en 100 kilómetros de puestos, con unos tres millones de visitantes dispuestos a comprar y vender todo lo que se les ocurra –no hay que pagar por poner un puesto– e, imprescindible, degustar un plato de mejillones con patatas, plato típico de la región.

En otro estilo, también sobresale el gran mercadillo de los comerciantes de St. Tropez, que del 25 al 28 de octubre ofrece a los visitantes grandes descuentos en marcas de lujo. Cabe mencionar, asimismo, el famoso mercadillo de las flores de Niza, que permanece abierto todos los días del año.

Los cazagangas se citan los lunes por la mañana

Tenderete en el Noordermarkt, en Ámsterdam.
Tenderete en el Noordermarkt, en Ámsterdam.

Los mercados de pulgas de los lunes por la mañana son los que más encanto ofrecen en Ámsterdam. Empezando por el de Noordermarkt. En él puede encontrar todo tipo de gangas, desde los más variados objetos de segunda mano hasta antigüedades y los artículos más kitsch para el hogar. Los sábados ocupan ese espacio los productores de alimentos orgánicos, con frutas y verduras, pájaros y productos de granja. Además, en el BoerenMarkt –así se llama– podrá probar comida y vinos. Muy cerca, en el Westerstraat, encontrará el mercado textil de Lapjesmarkt –también los lunes–, con decenas de puestos que venden telas por metros.

Pero el mayor mercado de la capital, con más de 300 puestos, es el de Albert Cuyp. Centenario y el más cosmopolita y pintoresco de toda Holanda, sigue atrayendo por igual a turistas y locales aficionados a la cocina, cazagangas o cualquiera que busque darse una vuelta por el placer de pasear y ser visto. Allí se pueden encontrar desde verduras frescas, fruta, pescado, flores y plantas, hasta ropa de moda, joyas o varios pequeños cafés que juegan a la modernidad.

Pasear por los mercadillos en busca de gangas es una de las costumbres típicas de los habitantes de Rotterdam, que cuentan con 12 lugares donde hacerlo. El más popular está situado en el centro de la ciudad, en Binnenrotte. Ahí mismo, en verano, se puede visitar el Rotterdam Summer Sunday Market, que incluye una zona de puestos con aperitivos de todos los lugares del mundo o bebidas frías.

Lo ‘vintage’ se mezcla con el arte y el diseño

Creatividad y modernidad en el Old Spitafields Market.
Creatividad y modernidad en el Old Spitafields Market.

Si es fin de semana y está en Londres, no hay duda sobre qué hacer: ir a un rastro. Hay mucho para elegir, ya que se calcula que el número de mercadillos callejeros supera los 80. En la mayoría de ellos se puede conjugar compras con comida, bebida y música.

Uno de los más conocidos es el de Candem. Pese a que su zona más atractiva, la más cercana al canal, sufrió un incendio hace pocos años, sigue siendo un referente para todo tipo de compras. Abre todos los días y no hay que perderse su mercado cubierto de estilo victoriano. 

Portobello, por su parte, es los sábados el mejor lugar para adquirir –y rebuscar– antigüedades, objetos curiosos o piezas de joyería. Aunque no tenga intención de comprar, el paseo es obligado. Para el arte y sus derivados, el Alfie’s Antiques Market, que abre de martes a sábado y que reúne en el edificio de unos antiguos grandes almacenes gran variedad de cuadros, grabados o cerámica.

Pero en los últimos años se han puesto de moda espacios donde los jóvenes creadores pueden dar a conocer sus ideas. Entre ellos destaca el Old Spitafields Market, con puestos de diseño y vintage a partes iguales. Muy cerca está el Brick Lane Market, especializado en segunda mano, y encontrará tenderetes donde degustar comida de todos los rincones del mundo. Pero para hacer la compra y encontrar productos de calidad y especialidades del continente, ninguno como Borough, los viernes y sábados.

La crisis pone más de moda la segunda mano

Piezas de autor en el Mercadinho dos Clérigos (Oporto).
Piezas de autor en el Mercadinho dos Clérigos (Oporto).

Por poca imaginación que tenga, sabrá de dónde le viene el nombre a la Feira da Ladra, es decir, el Mercado de la Ladrona. En efecto, antiguamente era el lugar donde se comerciaba con objetos robados. Hoy es el mercadillo más conocido de Lisboa, en el castizo barrio de Alfama. Abre todos los martes y sábados y da cobijo a cientos de puestos donde podemos encontrar móviles, antigüedades, libros, pósteres vintage, ropa de ocasión, cuadros, artículos de artesanía, música –¿le apetece escuchar unos fados?–, incluso objetos absolutamente inservibles que podrá llevarse a precios irrisorios, ya que el regateo es un arte que aún se estila allí.

Mucho más moderno es el LxFactory, un mercadillo creado recientemente para atraer a un público más joven e interesado por el reciclaje de objetos o que venera los artículos de otras épocas, y todo sin perder de vista las exigencias derivadas de estos tiempos de crisis que tan de moda han puesto la compra de productos de segunda mano.

En Oporto, una vez al mes tiene lugar el Mercadinho dos Clérigos, junto a la plaza del mismo nombre. A lo largo de un par de calles, de las más animadas de la ciudad, se agolpan unas decenas de puestos donde se exhiben y venden todo tipo de piezas de autor (artesanía urbana, objetos decorativos, gastronomía, antigüedades, alimentos orgánicos, flores, etc.). El espacio público se complementa con animación, música y diversas performances.

Fruta, verdura y antigüedades en la calle

Puesto de alimentación en la plaza Campo dei Fiori (Roma).
Puesto de alimentación en la plaza Campo dei Fiori (Roma).

Rara es la ciudad italiana que no conserva la tradición de los mercados en la calle. Algunos de los que tienen más solera son el Mercado de Rialto, ubicado en la zona turística de Venecia y también llamado Ponte Rialto, que conjuga productos de alimentación con máscaras típicas del carnaval y objetos de decoración del famoso cristal de Murano, o el Mercado de la Paja de Florencia, que discurre bajo unos preciosos soportales del siglo XVI. Paseando por sus puestos podemos encontrar todo tipo de artículos, aunque destacan los souvenirs y los objetos de cuero. Se recomienda completar el paseo haciendo una visita al Porcellino. Según la tradición, quien toque el morro del animal y arroje una moneda a la fuente, volverá a Florencia.

La plaza Campo dei Fiori de Roma también es conocida por su mercado de alimentación al aire libre, que nació en 1869; pero los mercadillos romanos realmente interesantes son los que sábados y domingos animan sus calles. Porta Portese –hospeda más de 1.000 tenderetes y ofrece objetos de todo tipo, desde muebles antiguos hasta imitaciones de zapatos de marca–, Ponte Milvio –antigüedades el segundo y cuarto domingo de cada mes y artesanía, el tercero–, el de Grabados en la plaza Largo della Fontanella Borghese –de lunes a sábado– o el Borghetto Flaminio, uno de los mercadillos de antigüedades más conocidos de la capital.

Tampoco hay que perderse la degustación de productos gastronómicos de todo el mundo en el corazón del Esquilino, el barrio multiétnico de Roma.

La excusa para tomar una cerveza o champán y ostras

Lambermontmartre, mercado al aire libre de pintura, hasta septiembre en Bruselas.
Lambermontmartre, mercado al aire libre de pintura, hasta septiembre en Bruselas.

Además de sus famosos mercadillos navideños, Bélgica ofrece otras muchas pequeñas joyas callejeras. En Bruselas, el mercado más auténtico es el de la Place du Jeu de Balle, en el bohemio barrio de Les Marolles, abierto a diario, pero que los domingos se convierte en un curioso rastrillo de objetos de segunda mano en el que se encuentran las cosas más inesperados. No puede dejar de sentarse en una de sus terrazas para saborear una buena cerveza del lugar y disfrutar de la música en vivo, en particular en los meses de verano.

Si usted es más de diseño, el Brussels Design Market le espera el 7 y 8 de septiembre. En la anterior edición, que tuvo lugar el 20 y 21 de abril, se reunieron en la vieja estación naval de Tour & Taxis unos 200 expositores, profesionales y jóvenes diseñadores que exhibieron tanto sus nuevas creaciones como muebles y objetos de los años cincuenta, sesenta, setenta y comienzos de los ochenta.

En cuanto a Gante, la tradición manda que los domingos se tome el aperitivo –champán con ostras– después de recorrer uno de sus múltiples mercados. Puede elegir entre muchos. El de las flores (Kouter), de campesinos (Charles de l’Epéeplein) o de mascotas y bicicletas de segunda mano (Vrijdagmarkt), uno de los más curiosos y concurridos.

O puede optar por otros más tradicionales: de antigüedades (Sint-Jacobs en Beverhoutplein), alimentación (Sint-Michielsplein), artesanos (Groentenmarkt) y el muy interesante de libros de segunda mano (Ajuinlei), aunque para este último debamos de advertir que en esta zona del país se habla flamenco.

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