Pedro Argüelles, secretario de Estado de Defensa

“Los programas de armamento no son una hipoteca”

La renovación de equipamientos de las Fuerzas Armadas le ha generado a Defensa una deuda cercana a 30.000 millones de euros

A su secretario de Estado le toca gestionarla garantizando los objetivos de déficit del Gobierno y el futuro del sector

Pedro Argüelles, secretario de Estado de Defensa
Pedro Argüelles, secretario de Estado de Defensa

En 1997 el Gobierno que presidía José María Aznar iniciaba, en consonancia con los socios europeos, un ambicioso plan de inversiones en armamento que superaría compromisos por más de 20.000 millones de euros en seis años. Una cifra que se fue incrementando también en los primeros cuatro años del Ejecutivo de Zapatero, hasta que, en 2008, la crisis dio un golpe de realidad a la economía española. En 2011, Defensa fijaba una horquilla que establecía la deuda estos planes especiales de armamento (PEA) entre 31.600 y 36.800 millones de euros. El ahogo del ministerio ha llevado a una negociación con los proveedores para hacer viables unos pagos que, entre 2010 y 2011, dejaron de abonarse, según afirma el Secretario de Estado de Defensa Pedro Argüelles (Madrid, 1950), que ya fue director de Gabinete del ministro de Defensa entre 1996 y 2000, y responsable de la última “reconducción” de la deuda.

Pregunta. ¿Qué diferencias observa entre el ministerio de Defensa que dejó en 2000 y el que se ha encontró en 2012?

Respuesta. Las circunstancias del país son opuestas. Del 96 al 2000 España remontaba de una crisis con un futuro expansivo de su economía y crecimientos muy fuertes que se tradujeron también en el ministerio de Defensa. Se iniciaron grandes proyectos como fue la profesionalización y la integración de las Fuerzas Armadas españolas. Una situación muy diferente a la que vivimos, pero comparando lo que había en el 96 con lo que hay ahora puedo decir que el trabajo que se hizo dio como resultado unas Fuerzas Armadas muy potentes con un equipamiento de primera calidad.

Una industria “exportadora y capacitada”

En una época en la que la palabra “competitividad” es habitual, es obligatorio cuestionarse si la industria de defensa, que genera 20.000 empleos directos y 20.000 indirectos, lo es: “es muy competitiva, muy capaz”, afirma Argüelles, quien reconoce que “es modesta y no es de primera magnitud, pero es una buena industria”.

El secretario de Estado lo argumenta en que “tiene una cuota de participación de alto valor añadido en todos los programas internacionales”, y defiende su marcado carácter público: “es una parte del entramado estratégico de la seguridad de un país. Se puede privatizar en parte, pero conviene que siempre haya una supervisión de los gobiernos. En España, en Reino Unido, o en EE UU la industria de defensa está muy unida al ministerio de cada país”.

A nivel europeo, la fórmula de los consorcios domina en los principales proyectos. Una fórmula que agrupa a varios países que, en la actualidad, atraviesan situaciones económicas diferentes: “es difícil que se inicien nuevos programas europeos de inversión, y también lo es que los países intenten volver a nacionalizar la industria”. Argüelles cree, por tanto, que la “difícil” situación económica no alejará a los países en materia de defensa, sino todo lo contrario: “La Comisión Europea propone ámbitos de mayor cooperación y colaboración en la industria, y cuando la economía europea empiece a remontar, volverán a ponerse sobre la mesa iniciativas conjuntas de inversión”.

En cuanto a la exportación, Argüelles afirma que “la industria española de defensa es exportadora desde el primer día. En los últimos diez años ha exportado 9.000 millones”. Argüelles propone “consolidar los mercados y acceder a aquellos mercados que se están desarrollando”, y pese al mal último dato oficial, del primer semestre de 2012, sentencia: “no exportamos bienes de consumo al por menor. Hay que comparar períodos más largos”.

P. ¿Cuál es la situación económica del ministerio?

R. Es de gestión. Tenemos que adecuar las obligaciones que tiene Defensa con todos los proveedores, gestionarlas de manera que nadie sufra un daño irreparable, que se pueda mantener una buena relación y una estabilidad. Yo la definiría así. Nos encontramos con una situación de inestabilidad, donde las estimaciones de compromisos se cifraron en 36.000 millones, y lo que necesitábamos era racionalizarlo. De 36. 000 bajamos a 29.500, hemos dado un futuro de estabilidad a las empresas y hemos apostado más por la calidad de los programas que por la cantidad.

P. ¿Los PEA han acabado siendo una losa para ministerio e industria?

R.En absoluto, es una equivocación de una etapa anterior en la que se intentó vender la idea de que los PEA eran una hipoteca para la defensa. Son una oportunidad, representan la modernización de las Fuerzas Armadas. Hay que enfrentarse a ello de una manera activa y saberlo reconducir. Y en esas estamos. Yo niego la mayor, no son una losa ni una hipoteca. La inversión en defensa será necesaria incluso después de los programas que ya existen.

P. Pero, ¿era necesaria una inversión de ese tamaño?

R. Sí, se necesita, y no solo España está invirtiendo. Estamos conectados en una red de países aliados y todos ellos participamos en esos programas. La participación española es proporcional a su tamaño y a sus aspiraciones en el mundo de la defensa y de la política internacional. Hoy no se puede tener una auténtica política internacional si no se tiene una política de defensa internacional fuerte.

P. ¿Son sostenibles los PEA incluso con las perspectivas económicas?

R. Son planes a muy largo plazo, y por lo tanto los ciclos económicos no deben mandar. Las que mandan aquí son las necesidades estratégicas de la defensa. Creo que es sostenible y prueba de ello es que lo está siendo. Hemos alcanzado acuerdos con todas las empresas para reconducir la situación y adecuarla a las condiciones económicas del país, y hemos rebajado el impacto en déficit y las necesidades de financiación en los próximos tres años a la mitad.

P. ¿Por qué necesitan hasta 1.000 millones extra este año?

R. De no haber hecho este esfuerzo de gestión en vez de 800 o 1.000 serían 1.500. Se han recogido unos compromisos financieros cifrados en 1.500 millones y se han rebajado a 800.

P. Pero el Gobierno sigue buscando dónde recortar gastos...

R. Esto es pago a proveedores. Son obligaciones que ya estaban comprometidas. El pago a los proveedores es una obligación, especialmente cuando algunos de ellos son países extranjeros con los que tenemos relaciones muy cercanas.

"Lo que más convence a una empresa es un Gobierno que paga las deudas”

P. ¿Cómo han acogido las empresas la reorganización de los pagos?

R. Todos los acuerdos han sido fruto de una negociación, y se han encontrado puntos de encuentro que benefician a todos. Al ministerio le han aliviado la situación financiera, y a las empresas les ha dado estabilidad y perspectivas de futuro. Lo que más convence a una empresa es un Gobierno que paga las deudas.

P. ¿Y los socios europeos?

R. La reformulación de los programas europeos se ajustan a los contratos. Por ejemplo, tenemos el del avión A400M que establece 27 unidades. No vamos a cancelar unidades, sino que vamos a utilizar 14 y las otras 13 las vamos a exportar de mutuo acuerdo con la empresa fabricante. Y en el caso del Eurofighter hemos dicho que vamos a cumplir lo que está firmado.

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