Editorial

La banca y el compromiso con la actividad

Las economías maduras e industrializadas han utilizado siempre la actividad crediticia como motor de su crecimiento, hasta el punto de que la deuda de los principales países de la OCDE duplica prácticamente el PIB que generan, computando tanto deuda pública como privada. De hecho, a falta de una política de concesión de crédito activa, a falta de un sector financiero dinámico, las economías entran en fase de estancamiento prolongado, dado que los niveles de ahorro de los agentes económicos no pueden movilizar la inversión. Aunque en toda sociedad hay una parte endeudada y otra que dispone de ahorro, el agregado suele inclinarse por la necesidad de financiación. Además, los pasivos se concentran en la franja de población más proclive al consumo y la inversión.

Algo parecido a esta estampa es la situación de la economía española, estancada tras un periodo larguísimo de crecimiento desordenado y fundamentado en los recursos ajenos, y que por falta de capitalización de una parte de la banca ha llevado dudas sobre la solvencia a todo el sistema financiero. Lo complicado en este momento es compatibilizar el natural desapalancamiento de la economía española, que podría consumir no menos de dos o tres años más, con la concesión de nuevo crédito a actividades con la suficiente demanda como para garantizar su solvencia.

Dando por bueno que el sistema financiero está plenamente capitalizado tras el rescate europeo de las entidades fallidas, y que lo está incluso para resistir un deterioro adicional importante de la actividad en España, más de un 70% de las demandas concretas de financiación de empresas es rechazada por la banca por considerarla no suficientemente solvente. Esta ratio, que contiene los niveles de rechazo más elevados de la historia reciente, debe reducirse para lograr la financiación suficiente y coherente con el crecimiento económico. El Banco de España acaba de recordar que la banca debe incluso apoyarse en los instrumentos financieros habilitados por el Gobierno para reactivar la financiación de los proyectos empresariales con buenas expectativas de negocio.

La banca tiene la función económica de poner en contacto el ahorro con la inversión, y el pilar básico de su negocio es conceder crédito a un precio ligeramente superior al coste de captación de su financiación y cobrarlo regularmente. Si asiste pacientemente a que el desapalancamiento se intensifique sin sustituir por activo nuevo el que decae, se encontrará con una imparable reducción de su balance, quizás con una pérdida de cuota de mercado luego irrecuperable. España ha recompuesto sus constantes financieras con reformas y sacrificios y para consolidar una recuperación, al riesgo que quieren correr quienes emprenden, debe corresponderle cierto riesgo de quienes deben financiarles.

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