Editorial

Impuestos, déficit y actividad

Los políticos españoles se han lanzado a un agitado debate sobre el papel de los impuestos en la política económica, como si desconociesen que no estamos en tiempos de decisiones autónomas sobre la materia. A ningún partido le parece bien subir los impuestos y todos siguen haciendo bandera de las bajadas, tal como han practicado durante los 15 años del boom del crecimiento, sin querer reconocer que la defensa de un Estado de bienestar suficiente precisa muchas veces de subidas sostenidas de la fiscalidad. De hecho, subir los impuestos se ha convertido en un acto de resignación al que se acude cuando no queda otro remedio, aunque sea para salvar al país del rescate, como asegura el presidente del Gobierno.

España está muy lejos de poder bajarlos, pues la sostenibilidad de las finanzas públicas es demasiado endeble, y así persistirá mientras la recesión siga destruyendo actividad. La fiscalidad es un instrumento de estímulo y cualquier rebaja debe tener siempre una relación directa con la actividad económica, al menos mientras no se consolide el crecimiento y se logre devolver el nivel de deuda pública a ratios del entorno al 60% del PIB. Nunca hay que perder de vista que lo que no se pague vía impuestos se abona vía intereses de los créditos por la presión de la deuda pública sobre el coste de la financiación.

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