Blogs por Alexis Ortega

El sindrome "Ernesto"

En el teatro y en especial la comedia, es quizás el único lugar todo lo que es mentira es a la vez verdad. Ilusión y realidad se confunden y nos entretiene.

La ingeniosa comedia “La importancia de llamarse Ernesto” de Oscar Wilde explora de una manera, como no podía ser de otra manera en su autor, muy ingeniosa la apariencia y la realidad. Empezando por su propio título “The importance of being earnest” tiene un doble sentido (que se pierde en la traducción), ya que el nombre «Ernest» y la palabra «earnest» (serio) suenan igual, de manera que su traducción literal podría ser “La importancia de ser serio”.

La obra refleja la vida de personas “serias”, que anhelan una vida distinta. La pareja protagonista se crea/anhela una vida paralela, alegre y desenfada, pero con la posibilidad (en caso de que haya logrado esa vida paralela) de volver a ser nuevamente ellos mismo, es decir una persona seria. Wilde consigue un enredo diabólico e ingenioso que se soluciona con el rocambolesco artificio de que todo lo inventado (en concreto la trama del protagonista) en el fondo era ya verdad, sin él saberlo. En sus aspectos más frívolos lo inventado, la fantasía, eran verdad y lo que él llamaba “verdad” (o lo que tenía como tal) en el fondo no lo era. Con todo ello y tras el enredo (muy al estilo de las de Moliere, del siglo de oro español o las del propio Shakespeare), el orden se restablece y la comedia acaba. En el fondo es una obra más clásica de lo que parece. Nada sabemos si los deseos más íntimos expresados al inicio de la obra volverán a reaparecer nuevamente, tras la calma. Parece ser que las segundas partes,al estilo actual de Hollywood, no eran tan habituales en esa época.

La obra es interesante pues pone de manifiesto la extraña relación que el hombre siempre ha tenido con la fantasía y la realidad. La primera nos atrae pues en ella somos lo que queremos, mientras que la segunda nos dice lo que realmente somos, y suele no gustarnos. Los sueños en el fondo son el tubo de escape, que nos permite conjugar ambas y ser por unos instantes, lo que realmente anhelamos. No nos hablan del futuro, como muchos quieren hacernos creer, sino del presente, de lo que realmente somos, como muy bien descubrió Freud ya que a través de la interpretación de ellos conocemos el “ello” que habita en nuestro inconsciente y consiste fundamentalmente en la expresión psíquica de las pulsiones y los deseos. Constituye, según Freud, el motor del pensamiento y el comportamiento humano. Operan de acuerdo con el principio del placer y desconoce las demandas de la realidad.

Hoy jueves tenemos elecciones locales en el Reino Unido. Como estrella de las elecciones se presenta Nigel Farage, líder del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) y que parece condicionar la agenda política nacional con una deriva nacionalista cuestionando la adhesión del país a la UE y una posición hostil hacia los extranjeros. Aunque Farage reclama estar lejos del ultranacionalista y xenófobo Partido Nacional Británico (BNP), su programa parece empeñarse en decir lo contrario pues concibe un Reino Unido en el que pocos tienen cabida más allá de los propios británicos.

El UKIP es la encarnación misma de los miedos que acucian a la sociedad británica y que en el actual clima de crisis económica, se han hecho más patentes como son la pauperización de la sociedad, el creciente temor ante la pérdida de la identidad nacional en medio de la globalización, el declive político de una nación acostumbrada a estar en primera fila, alto nivel de endeudamiento (público y privado) y sobredimensión y clara quiebra de su sistema financiero. Los últimos sondeos conceden al UKIP hasta un 17% de los votos, que no solo resta votos al Partido Tory, sino que prácticamente duplica la intención de voto del partido liberal y socio de gobierno, de Clegg.

Como los personajes de la obra de Wilde, las autoridades del Reino Unido son bastante “serias” pero anhelan una vida distinta ya que su propia vida no les parece nada atractiva. Su manera de actuar no corresponde con la de la nación que en el fondo es. Un Reino Unido con aspiraciones xenófobas solo retrasará lo inevitable: un mundo globalizado en donde su papel se reducirá considerablemente a favor de estructuras más supranacionales. ¿La UME?. Tienen un referéndum sobre ello. Dejémosles que contesten. Mucho me temo que no existirá otro Wilde que sea capaz de escribir un rocambolesco entramado de situaciones cómicas que hagan que la ficción creada pueda convertirse en la verdadera realidad.

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