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Editorial

El testigo de un maratoniano de la banca

El vicepresidente y consejero delegado de Banco Santander, Alfredo Sáenz, puso ayer fin a una de las más brillantes carreras de gestión bancaria que se conocen en España en las últimas décadas y deja un reconocido balance muy complicado de emular para su sucesor. Quien ha sido durante los diez últimos años auténtica mano derecha de Emilio Botín en la expansión internacional y consolidación de Santander como primer banco de la zona euro presentó ayer su renuncia de forma voluntaria, sin esperar a que el Banco de España resolviese acerca de su honorabilidad para seguir ejerciendo la profesión a la que ha dedicado toda su vida, y tras una condena judicial levantada por el anterior Gobierno con un indulto, que ulteriormente había censurado el Tribunal Supremo.

La salida de Sáenz, que él deseaba desde hace algún tiempo, da paso a una nueva generación de ejecutivos en la cúpula del banco cántabro, que se abre camino con el nombramiento de Javier Marín, de 46 años y plena confianza del presidente del banco, Emilio Botín, como nuevo consejero delegado. Esta operación, pese a parecer precipitada por los acontecimientos, se convierte también en un ejemplo de transparencia y de gobernanza responsable de una de las empresas líderes de la Unión Europea, entre otras cuestiones porque se produce tras varios años en los que la gestión financiera está en el ojo del huracán de forma genérica por ser identificada como la causante activa de la crisis financiera.

El hasta ayer consejero delegado de Santander ha logrado –formando un gran tándem con el presidente– convertir a un banco joven pero arriesgado como era a finales del siglo XX en la primera entidad financiera de la zona euro, y con un peso muy notable en mercados como el británico, el brasileño o el norteamericano. En los años en los que este gestor bancario de la escuela del Vizcaya –llegado a Santander a través de Banesto cuando fue adjudicado en pública subasta en 1994– ha estado en primera línea de decisiones, Santander ha multiplicado por cuatro su balance, es el primer banco por capitalización de cuantos cotizan en euros y ha protagonizado algunas de las más audaces operaciones bancarias de la Europa de este siglo.

Gestor de la escuela clásica de banca, de lenguaje directo y sin rotondas, deja la entidad bien capitalizada y con los ajustes que exige la crisis encaminados. Pese a que emular su desempeño en el banco es muy complicado por su vastedad, deja un nutrido grupo de personas muy cualificadas para mantener recta la línea, pese a las curvas de una recesión demasiado prolongada. Santander está geográficamente anclado como ninguna otra entidad de Europa y dispone, con Emilio Botín a la cabeza, con el talento necesario para mantener y reforzar su liderazgo.

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