Editorial

Un país sin barreras al emprendedor

El Gobierno quiere aprobar en las próximas semanas una de las asignaturas pendientes de esta legislatura: el anteproyecto de ley de apoyo al emprendedor. El texto que ultima el Ejecutivo incluye una batería de medidas dirigidas a simplificar y, por tanto, facilitar un mecanismo básico y fundamental en toda economía de mercado: la creación de empresas. Una actividad que en España exige un tesón prácticamente heroico, dada la oscura maraña normativa que hay que atravesar y las fuertes exigencias de capital que la legislación requiere. En ambos frentes, como también en un tercer pilar básico –el de la obtención de vías de financiación– pretende actuar el Gobierno. La futura ley aspira así a hacer frente al ingente papeleo administrativo que coloca a España en el puesto 150 en la lista de países por facilidad para crear un negocio. Para ello apostará por sustituir el actual sistema de licencias por declaraciones de responsabilidad realizadas por los nuevos empresarios. Se trata de un mecanismo vigente en otros ordenamientos jurídicos que cuenta con el inconveniente de obligar a la Administración a extremar los mecanismos de control. Pero que tiene la enorme ventaja de agilizar la puesta en marcha de la empresa y de no colocar bajo sospecha administrativa permanente y gratuita a todo ciudadano que decide crear un negocio al obligarle a contar con una licencia previa de una Administración que no destaca ni por su rapidez ni por su eficiencia.

 

La segunda gran novedad de la futura ley es la posibilidad de constituir una sociedad con solamente un euro de capital social, aunque sujeta a ciertas limitaciones. Se trata también de una iniciativa que existe en otras economías europeas, pero que en un país como España, en el que se exige a los futuros empresarios el desembolso de 3.000 euros para crear una estructura societaria bajo la cual actuar, resulta revolucionario. En sentido contrario, el hecho de que haya Estados miembros en los que se puede crear empresas prácticamente a coste cero explica en buena medida el déficit de capacidad emprendedora que existe en la economía española.

Como complemento ineludible a lo anterior, el texto da un impulso a instrumentos como las sociedades de garantía recíproca, las entidades de capital riesgo y la creación de fondos de capital riesgo mixtos público-privados, así como la puesta en marcha de un mercado de pagarés para pequeñas y medianas empresas. El objetivo es tratar de solventar el que en este momento constituye el principal escollo para un futuro empresario: la búsqueda de financiación. Todo ello al servicio de una actividad –la empresarial– que resulta clave para crear el tan necesario empleo y generar crecimiento y riqueza.

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