Juan Miguel Villar Mir

Hambre de empresas

Su interés se centra estos días en la inmobiliaria Colonial para, con permiso de la banca, convertirse en su accionista de referencia

Hambre de empresas

Juan Miguel Villar Mir está a dieta y, sin embargo, sigue manteniendo un apetito voraz por los negocios que se encuentran en horas bajas. Ya desde sus inicios como empresario se especializó en reflotar compañías. Primero fue Hidronitro Española, a la que, tras asumir poderes plenipotenciarios, llevó del borde de la suspensión de pagos a multiplicar por diez el valor de sus acciones en tan solo dos años, y poco después Altos Hornos de Vizcaya, que obtuvo bajo su presidencia los mayores beneficios en la historia de la sociedad hasta esa fecha. Y así con más de 20 operaciones. Ahora parece haberle tocado el turno a la inmobiliaria Colonial, por la que el empresario ha mostrado interés para convertirse en su accionista de referencia, aunque manteniendo a los bancos acreedores en el capital.

Si algo nos ha enseñado la historia, es que casi siempre se repite, y la de Villar Mir, presidente del conglomerado que agrupa empresas energéticas, siderometalúrgicas, de fertilizantes y de construcción que lleva su nombre, es larga e intensa y en ella no aparece a la vista el horizonte del retiro. De hecho, en su última aparición pública, con motivo de la presentación de la cuenta de resultados del grupo OHL, además de desmentir de nuevo su relación con el extesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas, aseguró a los analistas que, a sus 82 años, no piensa todavía en jubilarse y que seguirá al frente de la compañía “mientras esté en forma, sea útil y aporte valor”. Sin duda, el valor de la experiencia. La misma que le ha llevado a declarar que, con la ayuda de la cadena Four Seasons, piensa abrir “el mejor hotel de España”, en la antigua sede de Banesto en Madrid. En el proyecto Canalejas (un nombre que le ha dado esa histórica plaza madrileña), al frente del cual ha colocado a su hijo, Juan Villar-Mir de Fuentes, va a invertir en torno a 500 millones de euros y lo presentará el próximo lunes en compañía del presidente autonómico Ignacio González. Sabe de lo que habla, porque ya es propietario del complejo turístico Mayakoba, uno de los mayores y más lujosos de la Riviera Maya mexicana.

Y es que sus logros le preceden. Los últimos, los de la constructora OHL, de la que, además de la presidencia, posee el 60% de las acciones. La firma alcanzó un beneficio récord en 2012 de 1.005 millones de euros gracias a las plusvalías, un 350% más que el año anterior. Pero no hay que olvidar que los grandes retos han sido una constante en su vida. Se graduó con el número uno de su promoción en Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, una carrera universitaria que eligió “porque era la más difícil”, y que compaginó (para complicarlo aún más) con la de Derecho, por considerarla un “obligado complemento de cultura general”.

A menudo le gusta recordar que su vocación siempre ha sido empresarial y, en aquella época, la manera que se le ocurrió de hacerla realidad fue mediante el Curso Superior de Administración de la Empresa en la Escuela de Organización Industrial (EOI), a cuyas clases en la Escuela de Ingenieros Industriales acudía por las tardes. Tras licenciarse se marchó a EE UU a completar su formación técnica en el Instituto de Desarrollo Económico del Banco Mundial, y a su vuelta obtuvo no una, sino dos cátedras universitarias, una en la Escuela de Ingenieros de Caminos y otra en la de Ingeniería de Obras Públicas, ambas en Madrid. Unas hazañas personales que ha sabido trasladar no solo al ámbito empresarial, sino al del compromiso con la sociedad civil, lo que le llevó, entre otras cosas, a ser ministro de Hacienda y vicepresidente del Gobierno para Asuntos Económicos entre el 12 de diciembre de 1975 y el 5 de julio de 1976, durante la presidencia de Carlos Arias Navarro.

En realidad, quizá la gran cualidad de este madrileño proveniente de una familia de profesionales de clase media, sin ascendientes empresarios ni parientes ricos, que supo asumir la presidencia de empresas que iban mal y sacarlas adelante, que ha sabido ganarse la confianza de los bancos (un dato nada desdeñable en los tiempos que corren), ha sido saber estar atento y aprovechar las oportunidades que se le han presentado. “Cuantas más dificultades y cuanto más grande la empresa, mejor”, llegó a decir alguna vez. Eso es tener hambre.

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