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El nuevo escenario y la vieja medicina

El Fondo Monetario Internacional prevé un enfriamiento acelerado de la actividad económica en los próximos cinco trimestres, en los que en Europa únicamente se salvará del estancamiento o recesión Alemania, y que hará mella significativa ya en las grandes economías emergentes, que hasta ahora soportaban la carga de la prueba del crecimiento. España mantendrá registros negativos en el crecimiento de la economía y no parece posible, siempre según las estimaciones del FMI, que pueda alcanzar las metas de consolidación fiscal exigidas por sus socios europeos. De hecho, el 3% de déficit fiscal marcado por los socios comunitarios para 2014 el Fondo lo retrasa nada menos que a 2017, justo diez años después de la última vez que estuvo por debajo de esos umbrales.

Este panorama obliga a repensar las estrategias de salida de la crisis, ahora ancladas en el control de las finanzas públicas, sobre todo en Europa, donde hasta ahora se ha vetado la opción de utilizar la maquinaria monetaria pesada. España va a entrar en el sexto año de crisis y no puede soportar cuatro más con sacrificios fiscales como único argumento de un crecimiento futuro. La UE debe abrir la mano del estímulo presupuestario o bajar el coste de la financiación y de forma sostenible con la manu militari del BCE sin más demora.

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