TRIBUNA

Estados Unidos, en campaña

Acaba de terminar la convención del Partido Demócrata en Estados Unidos y ahora empieza la recta final de la campaña electoral. A menos de dos meses de las elecciones, el resultado sigue siendo impredecible y las encuestas siguen dando un empate técnico entre los dos principales candidatos, el presidente Barack Obama y el exgobernador Mitt Romney: antes de la convención demócrata, Real Clear Politics otorgaba a ambos aspirantes un 46,3% de los votos.

Obama tenía la misión de demostrar que el país está mejor que hace cuatro años (la famosa pregunta que formuló el presidente Reagan: ¿estás mejor que hace cuatro años?). Sus posibilidades de reelección van a depender en gran medida de cómo los votantes respondan a esa pregunta. Durante la convención, todos los oradores demócratas han tratado de convencernos de que las cosas han mejorado y de que, pese a que queda mucho por hacer, el país está en la dirección correcta.

Muchos de los datos muestran que el país está mejor que hace cuatro años. Por ejemplo, desde enero del año 2010 se han creado 4,5 millones de empleos en el sector privado, e incluso si se descuentan los millones de empleos que se destruyeron en los dos primeros años de su mandato (en 2009 se destruía empleo a un ritmo de 800.00 puestos de trabajo al mes), el saldo neto (332.000) sigue siendo positivo. Tal y como reportaba The New York Times, históricamente esta cifra es comparable al periodo de recuperación que siguió a la crisis de 1990, y es incluso superior a la que siguió a la recesión de 2000. Solo el pasado mes de julio se crearon 163.000 empleos en Estados Unidos. Además, aunque sea un crecimiento tímido, la economía sigue creciendo: un 1,7% en el segundo trimestre de este año (en contraste a la contracción del 6,7% en el primer trimestre de 2009); y la inflación es prácticamente inexistente. ¡Ya quisiéramos esas cifras en Europa!

Sin embargo, una mayoría de los norteamericanos sigue pensando que está peor, y sigue viendo el vaso medio vacío. De acuerdo con una encuesta de CBS, solo un 20% de los encuestados piensa que está mejor económicamente que hace cuatro años, y un 39% que está peor. Esta paradoja se explica, entre otras razones, porque los ingresos medios han caído un 5% desde el inicio de la recuperación en 2009; el desempleo sigue clavado por encima del 8%, y el sector de la vivienda sigue sin acabar de recuperarse. Es por ello que Obama tiene la ardua tarea en las próximas semanas de convencer a los votantes de que necesita más tiempo para resolver estos problemas.

Además, un 47% de los encuestados piensa que las cosas van a empeorar para las próximas generaciones (era un 32% hace cuatro años) y tan solo un 24% piensa que va a mejorar. Es precisamente ese pesimismo, el temor al futuro y las dudas sobre el tipo de país en el que quieren vivir, lo que puede decidir el resultado de esta elección.

Su gran problema fueron (y siguen siendo) las expectativas irreales que despertó su candidatura hace cuatro años. Los liberales le acusan de no haber sido suficientemente ambicioso y le critican por no haber cerrado la aberración de Guantánamo, por no haber implementado unos paquetes de estímulo mayores que hubiesen reducido el desempleo; por haber contemporizado demasiado con el sector financiero y cedido a muchas de sus demandas, o por no haber hecho lo suficiente para ayudar a los que han perdido sus viviendas por la crisis. Los republicanos no le perdonan por el Obamacare; por el intervencionismo; por el aumento del papel del Estado en la economía y de las regulaciones; por su apoyo a los gays y al matrimonio entre homosexuales, y sobre todo por ser demócrata.

Por último, pese a que muchos piensan que las diferencias entre ambos partidos son mínimas, la realidad es que todavía son notables, sobre todo en el ámbito de las políticas domésticas: desde el papel del Estado en la economía a los niveles impositivos, pasando por el tamaño del Estado de bienestar, los derechos civiles y sociales y también sobre el papel de Estados Unidos en el mundo. En las próximas semanas el trabajo de Obama y Romney será marcar las diferencias en estas (y otras) áreas, y convencer a los votantes de que su proyecto de futuro merece su voto. Mucho está en juego.

Sebastián Royo. Catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Suffolk en Boston