EDITORIAL

Señales de alerta en el sector exterior

A medida que avanza y se agrava la crisis económica, España cede terreno en el mercado exterior. Pese a que tanto las exportaciones como el turismo extranjero se han mantenido hasta ahora como los dos grandes pulmones de nuestra economía, los últimos datos respecto a las primeras muestran una tendencia negativa muy preocupante. La cuota exportadora de España, que marca el peso dentro de los intercambios comerciales mundiales, se situó en la primera mitad del año en el 1,6%, lo que supone una caída del 9%. Ello ha relegado nuestra economía a la decimoséptima posición de la clasificación mundial de naciones exportadoras, dos puestos por debajo del que ocupaba en el mismo periodo de 2011. India y Taiwán, dos naciones emergentes y extremadamente competitivas, han ocupado esas posiciones.

El motivo del abrupto retroceso del sector exterior español no es otro que la mala situación económica que atraviesa el conjunto de la zona euro, principal destino de nuestras exportaciones. Un oscuro panorama que incluye a Italia y a Portugal, ambos en plena recesión, pero también a Francia, que acumula ya dos trimestres sin crecimiento, y a una Alemania que todavía lo mantiene, aunque limitado a un 0,5%, según datos del segundo trimestre de este año. Sin embargo, el gran exportador germano tampoco se ha mostrado inmune al mal comportamiento de las economías de sus vecinos. Alemania ha perdido el segundo puesto dentro del ranking del comercio mundial en favor de Estados Unidos, tras haber cedido ya el primero en el año 2009 frente a la imparable economía china.

De todo ello cabe extraer dos grandes conclusiones que no son nuevas, pero cuya importancia crece a medida que avanza esta crisis. La primera es que España está pagando en estos momentos no solo la factura de la recesión que se cierne sobre Europa, sino también el error de haber concentrado el grueso de las ventas exteriores en una única región, en lugar de haber optado por diversificarlas. Ese exceso de concentración comercial constituye uno más de los muchos puntos débiles que sufre nuestra economía. Una deficiencia grave que debe ser abordada cuanto antes de forma estratégica, con todo el apoyo institucional posible y suficiente visión de futuro. Ello incluye la necesidad de hacer un esfuerzo dirigido a mantener o mejorar la calidad y rebajar precios, de forma que nuestros productos sean lo suficientemente competitivos como para abrirse camino con solvencia en el mercado exterior.

La segunda conclusión se refiere a Alemania, y al mito de una invulnerabilidad económica que no es tal en un mundo cada vez más interconectado y global. Una advertencia que Berlín haría bien en escuchar y tener en cuenta para matizar y flexibilizar la dureza de sus posiciones políticas dentro la Europa del euro.