COLUMNA

Desconfiado por naturaleza

Y ese es el principal problema al que nos enfrentamos: falla la confianza de los inversores. Maleados tras ya más de cuatro años de decisiones de las autoridades limitadas o cuestionables, más tarde en algunos casos se han confirmado erróneas, la Crisis de confianza es uno de los principales problemas en los mercados. Su mayor consecuencia ya la conocen: restricciones de financiación. Claro, no es igual para todos. Pero todos en mayor o menor medida, de forma directa o indirecta, sentimos sus efectos. Y me refiero al deterioro de la demanda, inestabilidad de los flujos financieros a nivel mundial y hasta el propio deterioro del valor de los activos.

Por experiencia parto de la máxima de que los mercados siempre tienen razón. Y si no entiendo su razón, simplemente me retiro o limito al mínimo la posición. Así, seguro que el mercado tiene buenos argumentos para subir como lo ha hecho en las primeras dos semanas de agosto. Aunque es francamente complicado concretarlos. Por de pronto, la escasa liquidez puede acentuar el efecto del cierre de las elevadas posiciones cortas existentes a finales del Q2. El resto, la especulación machacona diaria sobre las medidas que el ECB puede estar preparando para reducir las primas de riesgo de países como España e Italia. Yo también creo que esto es clave para mejorar la restricción de financiación, aunque la condición suficiente en este caso recae en los gobiernos respectivos de ambos países para que sigan avanzando de forma decidida en el saneamiento de los desequilibrios y mejoren así las perspectivas de inversión… real. No será fácil, pero para lograr el retorno de la confianza contarán con el aval europeo que como contrapartida exigirá participar en el diseño de la política económica y supervisar su cumplimiento. De cualquier forma, algo obligado para todos al formar parte del Euro. ¿Están dispuestos nuestros políticos a aceptarlo? Espero que sí.

Forzados por la percepción de que Europa puede avanzar de forma decidida a reconducir la Crisis (Grecia a parte), presionados en algunos países por la prohibición de posiciones cortas, las subidas han dominado en las bolsas durante buena parte del mes que está ya finalizando. Pero es importante repetir que las subidas no se han producido por el dominio de compradores si no por la ausencia de vendedores. La confianza se pierde rápido; la desconfianza no tanto. De hecho, el reciente comportamiento de las correlaciones y de la volatilidad de los diferentes instrumentos financieros no invita precisamente a la calma. Comenzando por las volatilidades negociadas, que como hemos visto en la bolsa norteamericana, han retrocedido hasta los niveles más bajos en cinco años. ¿Cuál es el problema? Las dudas que subyacen sobre el escenario macro, sobre el ajuste fiscal, a nivel político y especialmente sobre las nuevas medidas que puede adoptar la Fed. Demasiadas cuestiones sin responder para bajar la guardia. Pero hay mucho más, comenzando por la subida de los precios del crudo recuperando más del 30 % desde sus niveles bajos de junio hasta el repunte que también vemos en los precios de los metales preciosos. No me malinterpreten: yo creo que el precio de la onza de oro puede alcanzar los 2000 dólares antes de final de año, pero uno de los supuestos para apoyarlo es la inestabilidad, incertidumbre y tensión que espero en los mercados a corto plazo. Y las dudas que también tengo sobre el escenario económico mundial.

Con todo, bienvenida esta calma (aunque tensa) en los mercados durante el mes de agosto. Todos la necesitábamos. Y de hecho, en algunas ocasiones las subidas llaman a más subidas: como dije antes, los mercados siempre tienen razón aunque solo sea porque nunca se tiene suficiente dinero para llevarlos la contraria. Pero, en mi opinión, en esta Crisis siempre hay que estar preparado para lo inesperado. Y lamentablemente no es una frase hecha. La Crisis es de confianza, pero subyace un problema de exceso de deuda en los países desarrollados y político en la zona Euro. También un problema de exceso de liquidez a nivel mundial frente a unos mercados sobredimensionados, obligados al ajuste en tamaño (dependerá de los bancos centrales que sea también en precio) por la debilidad económica a nivel mundial y la propia desconfianza de los inversores. Que yo comparto. Sean prudentes a la vuelta de las vacaciones. O antes, si pueden.

José Luis Martínez Campuzano. Estratega de Citi en España