TRIBUNA

¿Y si España fuera Francia?

El 1 de agosto entraba en vigor una nueva tasa a las transacciones financieras (TTF) en Francia, del 0,2% sobre los intercambios de acciones para empresas con capitalización bursátil superior a los 1.000 millones de euros. Fue aprobada en el Parlamento francés por todos los grupos políticos durante la anterior legislatura bajo mandato del conservador Nicolas Sarkozy. Pero el actual presidente ya ha anunciado que esto no es un punto de llegada, sino un inicio. Primer paso: se ha acordado duplicar el valor de la tasa, con la que se esperan recaudar al menos 1.600 millones de euros al año en Francia Y François Hollande también ha anunciado que su objetivo es lograr una meta más ambiciosa, tanto en recaudación, extendiendo la TTF a más instrumentos, como geográficamente, conseguir una verdadera TTF europea.

Esta es una batalla en la que Francia y Alemania están dando el pulso, y en la que encuentran no pocas reticencias. La Comisión Europea (CE) presentó hace casi un año una propuesta decisiva para aplicar la tasa en el marco europeo. Si no ha prosperado no ha sido por riesgos en viabilidad o dudas sobre sus impactos. Los economistas como el Nobel Joseph Stiglitz o Jeffrey Sachs defienden públicamente los beneficios de la TTF y otros, como Stephanie Griffith-Jones de la Universidad de Columbia calculan que su aplicación en el marco de la UE tendría un impacto positivo en el crecimiento de un 0,25%. Pero la iniciativa de la Comisión fue tumbada por la negativa, casi fundamentalista, de algunos países como el Reino Unido, a quien no parecen ofender sus propias contradicciones. David Cameron se opone a cualquier propuesta de nueva fiscalidad europea por no perder su soberanía y capacidad de atracción, especialmente si es sobre el sector financiero. Sin embargo, su stamp duty o tasa que se cobra por cada compraventa de acciones se aplica con éxito y efectividad desde hace años, sin impedir que Londres sea una de las principales plazas financieras del mundo. Esto prueba que bien diseñada, ninguna medida fiscal que sea proporcional al tamaño del mercado y ajustada a los márgenes de las transacciones, es motivo suficiente para una fuga masiva de activos o de operadores que no sean radicalmente especulativos.

Si el origen de la crisis actual está en los abusos y desequilibrios de parte del sector financiero, sector que está insuficientemente regulado e infra-gravado por lo que aporta menos que proporcionalmente en relación a su volumen de actividad, lógico es que las medidas promovidas tengan un doble impacto, corrector y recaudador. Añadiría otra ventaja, no menos importante especialmente en el contexto de países como España. La TTF incorporaría una mayor equidad y proporcionalidad en un escenario de duros impactos presupuestarios que soportarán el 75% de las familias de nuestro país.

Trasladado al contexto español, con un diseño reducido tipo el modelo francés aplicado sobre volúmenes negociados con datos de 2011, podrían recaudarse más de 1.000 millones de euros, un posible incremento de 1,5% sobre el presupuesto no financiero de este año. Lo suficiente para cubrir la mitad de los recortes en educación o la reducción presupuestaria de todo el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Pero con un modelo de base más amplia y ambicioso, la CE calculaba un potencial de recaudación en España de 5.000 millones euros, es decir, todo el recorte en educación y sanidad de estos últimos meses. Más aún, permitiría elevar en un 40% las expectativas de recaudación fiscal adicional como resultado de las últimas reformas.

España podría seguir el modelo de sus vecinos y diseñar unilateralmente una TTF. Pero si no asume dar este paso sola, tiene que sumarse de forma activa el proceso de cooperación reforzada junto con Francia, Alemania y al menos otros seis países para lograr una TTF europea. Tiene más sentido que nunca para defender un diseño ambicioso y de base amplia, extendiéndolo también a las transacciones en divisas, bonos y derivados financieros. Es efectivo, justo y equitativo, sin distorsiones significativas en los mercados. Mucho más de lo que podemos decir sobre las medidas que se están dando ahora. Y, tal y como el presidente Barroso dijo en la cumbre del G20, "ahora no podemos olvidarnos de los más vulnerables", el diseño de la TTF debe venir acompañado de un compromiso de asignación de los recursos recaudados a la financiación de políticas sociales que redistribuya la carga del esfuerzo y reequilibre las necesidades, aquí y en los países en desarrollo.

Susana Ruiz. Responsable de Financiación Innovadora - Intermón Oxfam