COLUMNA

Grecia aún no está al final del juego

Grecia no está todavía al final del juego. Es cierto que Atenas necesitará más dinero porque no alcanzará las metas acordadas en el marco de su programa de rescate actual. Pero nadie quiere que Grecia abandone el euro hasta que el pánico español haya pasado.

La economía griega es probable que se contraiga un 7% este año, en vez del 4,8% previsto en el programa acordado en marzo. Los ingresos previstos de privatizaciones de casi 12.000 millones de euros para 2015 y el crecimiento estimado de un 2,5% para 2014, también parecen optimistas. Eso significa que Atenas podría necesitar 10.000 o 30.000 millones de euros más de lo que se comprometió para finales de 2014, según fuentes oficiales.

Sin embargo, ¿de dónde podría venir este dinero, teniendo en cuenta que es poco probable que los parlamentos nacionales de la zona euro aprueben más dinero para un infractor en serie? Hay al menos tres posibles huchas.

En primer lugar, los acreedores privados que rechazaron el acuerdo para renegociar aproximadamente 6.000 millones de euros de deuda en marzo. Grecia podría negarse a pagarlos. Habría, por supuesto, demandas. Pero el problema podría ser tratado más adelante.

En segundo lugar, los casi 55.000 millones de euros de bonos propiedad del Banco Central Europeo. Los adquirió a un coste de unos 40.000 millones de euros. Quizá el BCE pudiera ser persuadido para renunciar los beneficios de estos bonos.

En su conjunto, ambas podrían alcanzar los 20.000 millones de euros. Pero el dinero no fluirá antes del fin de 2014. Así que sería necesario un tercer plan. Una opción sería dejar que Grecia siguiera emitiendo a corto plazo letras del Tesoro. Bajo el actual programa, eliminaría su emisión. Pero si lo mantuviera en el nivel actual, proveería otros 15.000 millones.

Aunque el resto de la zona euro esta asustada por el efecto colateral que tendría la explosión de Grecia en España, no ayudará, a no ser que Atenas dé la impresión de que quiere mejorar. Eso le corresponde al primer ministro griego, Antonis Samaras.