COLUMNA

Una unión bancaria con más reservas

La eurozona va poco a poco hacia la creación de una red de seguridad colectiva para sus entidades bancarias, que se centrará en reducir el coste para los contribuyentes. Después de todo, no hay elección en decirle a los ciudadanos alemanes que necesitan rescatar los bancos podridos en otros países.

El rescate de 100.000 millones de euros planeado para los bancos españoles está concentrando las preocupaciones. Como parte del acuerdo, Madrid tendrá que rescatar a los tenedores de bonos subordinados sin que afecte a los contribuyentes. El BCE incluso sugirió un descuento para los poseedores de bonos sénior, pese a que los Gobiernos decidieron no ir tan lejos. El año pasado se opuso con energía a imponer pérdidas a los tenedores de bonos sénior de los bancos irlandeses, temiendo que pudiera provocar el contagio. Si un banco se declara en quiebra, siempre existe el riesgo de un efecto dominó. Incluso si es rescatado pero sus tenedores de bonos asumen pérdidas, otros bancos podrían denegarle el acceso a la financiación y también entrar en quiebra. De ahí la tentación de rescatar a los prestamistas sin causar pérdidas a los tenedores de bonos. Pero este enfoque será insostenible en la unión bancaria.

Una manera de avanzar es copiar al Reino Unido y pedir a las entidades que emitan una cantidad mínima de deuda del autorrescate, que bien podría descontarse o convertirse en acciones si un banco se mete en problemas. Constituiría un segundo parachoques para el capital social. Una ventaja de identificar deuda de esta manera cuando es emitida es que los poseedores de bonos no se sorprenderían si acabaran sufriendo pérdidas.

Reino Unido ha decidido que los dos parachoques combinados deberían ser de entre el 17 y el 20% de los activos ponderados por riesgo. La Comisión Europea ha dudado hasta ahora de seguir su ejemplo, señalando que si los bancos tuviesen una deuda de autorrescate equivalente al 10% de los activos de riesgo las pérdidas de los contribuyentes serían limitadas. A medida que la eurozona encara el largo camino de la unión bancaria, deberá convertirlo en un requisito.

Por Hugo Dixon