EDITORIAL

Las empresas sufren la prima de riesgo

El Tesoro resolvió ayer con relativa comodidad su encuentro con los mercados financieros, el primero que afrontaba desde que el Gobierno anunció un ajuste presupuestario de 56.000 millones para los próximos 30 meses. Colocó emisiones a 12 y 18 meses con holgura en la demanda y a unos tipos de interés bastante más cómodos que los del mes pasado. A primera vista, tranquilidad en los mercados y aceptable acogida de los inversores al plan Rajoy para cuadrar las cuentas públicas. Pero no es oro todo lo que reluce: la emisión fue comprada prácticamente por la banca española, mientras que los operadores extranjeros brillaron por su ausencia. Es una señal más de la creciente desconfianza hacia el Tesoro español y hacia las posibilidades de recuperar la fe perdida por parte de toda la economía.

En el último año, los inversores extranjeros han reducido la deuda española en sus carteras un tercio, mientras que los nacionales la han duplicado, en un trasvase natural auspiciado por la falta de oportunidades de inversión solvente de la banca en otros proyectos que no sean el recurso fácil al estabilizador de los bonos.

El reflejo del comportamiento de los actores del mercado en la subasta de ayer fue que la prima de riesgo ni se inmutó con el supuesto éxito del Tesoro. El mercado secundario sigue advirtiendo del riesgo de la economía española, o al menos de invertir en valores del Tesoro, aunque el FMI asegura que unos 200 puntos básicos de prima de riesgo (ahora se mueve en torno a los 550) son imputables a una crisis no bien resuelta de toda la deuda soberana de la zona euro y al no culminado proceso de integración bancaria, financiera, fiscal y política de la UME.

Sea imputable a tal circunstancia o a los fundamentales de la economía, pública o privada, la prima de riesgo que paga el Tesoro se traslada miméticamente a la financiación del sector privado. Y lo hace, además, con una prima sobre la prima, con un sobrecoste en la captación de recursos que convierte en inviables muchos proyectos empresariales. Salvo pequeñas ventanas de oportunidad aprovechadas por las grandes cotizadas, el mercado de captación de recursos vía emisiones corporativas está cerrado hace varios meses para las sociedades españolas, desde que la desconfianza atenaza al sistema bancario con dudas sobre su solvencia.

En algunos casos existe un riesgo de negocio asociado al simple hecho de tener el mercado en España, como en el caso de las empresas energéticas o las constructoras. Pero en todo caso, el dinero está exigiendo un retorno financiero excesivo a empresas reputadas, lo que da una idea de las dificultades que están encontrando para financiarse aquellas que inician su aventura. Sea con instrumentos comunitarios, sea con medidas internas, España tiene que despejar ya la desconfianza para recuperar el pulso inversor.