TRIBUNA

Lo urgente y lo necesario

Hoy más que nunca Europa. Europa como meta, Europa como solución. Han hecho falta demasiadas cumbres europeas para que, por fin, se reaccione. Queda mucho por hacer, casi todo. Pero las crisis, a veces, más allá del espejo, nos enseñan también las posibilidades, las acciones que de otro modo no se acometerían. Más unión. Más Parlamento, como reclamaba hace unos días el ministro alemán Schäuble, más integración y supervisión, sobre todo bancaria y financiera, sustento y pilar de una moneda que tras una década ha vivido vaivenes y zozobras que podían dar al traste con lo conseguido. Los errores y las prisas del pasado no deben ahora entorpecer el horizonte. Equilibrios y sustentos, prudencias, pero también seguridad en las convicciones han de marcar ahora un camino de más unión, más cesión de soberanía, más rigor en los presupuestos y estabilidad fiscal, financiera y de deuda.

Hace unos días escuchaba al profesor Añoveros en Bilbao una aseveración seria y profunda: "Hoy más que nunca, los escépticos de Europa deben guardar silencio". Tenía y tiene razón. La cumbre de esta semana marca un punto de inflexión. Solo Europa es quien puede escribir su guion, su partitura. Debe hacerlo aún ausentes como están liderazgos y carismas. Es el momento. Unión y más unión, cohesión y más cohesión, solidaridad y más solidaridad. Ningún rescate, ayuda financiera, línea o sea cual sea el eufemismo político empleado y escogido deliberadamente va a salir gratis. El milagro español de las dos últimas décadas se debió sin duda a la Unión. Hoy el comienzo a la solución de los múltiples problemas que nos atraviesan y devoran se debe a la Unión y a los españoles, conscientes de que solos no podemos. El dramatismo de Rajoy horas antes de iniciarse esta cumbre y el enroque de Monti apoyado por Hollande ha debilitado las numantinas defensas germanas, pero también austriacas, holandesas, nórdicas que habían puesto exigencias de severidad y rigor extremas hacia España e Italia.

Veinticuatro cumbres después de esta crisis Europa reacciona y parece decida a tomar las riendas. Queda mucho, y también saber la letra pequeña de memorandos, condicionandos y ayudas. Muchos muestran hoy euforia y poca contención. Pero el camino es largo, tortuoso, exigente y con muchas dificultades. Sobre todo para un país como el nuestro. El sacrificio seguirá ahí, las dificultades y los recortes, las rebajas de salarios y la contención de una deuda que pagamos exorbitantemente a precios de oro. Nuestra competitividad roza los suelos. Paro, destrucción del tejido empresarial pequeño y medio, verdadera columna vertebral de nuestro país, la ausencia de crédito, y un largo etcétera emponzoñan aún un futuro incierto, angosto y que nos constará una década.

El presidente del Gobierno español amenazó con bloquear la agenda y sobre todo ese incipiente y aún ignoto pacto de crecimiento si antes no se abordaba y se hacía con decisión y generosidad el endiablado problema de la deuda, la financiación y los tipos de interés desbocados y ahogadores para la economía y el presupuesto de cualquier país. Por fin una noticia amable y sensata para España, la recapitalización del sector bancario se haría directamente. Margen de oxígeno para el Gobierno, la deuda y el déficit sin duda. No será de inmediato, sino que para que se haga transcurrirá al menos medio año. Los fondos de rescate europeos la llevarán a cabo, habida cuenta que el 9 de julio el MEDE tomará la iniciativa. Será este fondo y no el BCE el que compre deuda y bonos. Un BCE que lleva 15 semanas sin comprar deuda, ni española ni italiana, y permitiendo de paso la volatilidad de las primas de riesgo y la gravedad de unos diferenciales que empezaban a marcar y avizorar un rumbo de no retorno. Mas sin duda, lo más positivo, es la ruptura de la ecuación deuda bancaria-deuda soberana, contaminadas ambas al no saber deslindar ni querer la una de la otra. No por voluntad económica, sino por voluntad política omisiva y pasiva.

Europa ha estado esta vez -y por el momento veremos qué sucede en las próximas semanas o meses- a la altura de lo debido, de lo urgente, distinguiendo lo necesario de lo contingente, lo esencial de lo circunstancial. ¿Hasta cuándo? Es voluntad política lo que hace y hacía falta. Alemania dobla el gesto consciente de que tampoco a los alemanes la situación, de continuar en la cerrazón merkeliana de rigor, austeridad y fiscalidad, podría mantenerse mucho más allá. Una ruptura o debilitamiento total del euro arrastraría a los infiernos a Europa, pero sobre todo a la economía alemana, el motor, la competitividad en suma de la eurozona y la exportación. Todo está por ver, pero esta es la senda de respuestas que hay que dar a los mercados. Decisión, audacia, coraje y anticipación. Buscar polares que cimienten el constructo europeo. Es la hora de la verdad.

Abel Veiga Copo. Profesor de derecho mercantil de Icade